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Ejemplo de un buen padre

Jorge no es un personaje muy conocido. Es el nombre de quien fuera un humilde trabajador, supervisor de producción de alambre de púas en una fábrica de acero. Su esposa, Celia María, trabajaba en un taller de bobinas y se dice que algunas veces también limpiaba casas para redondear su salario.

Jorge es el padre de cuatro hijos; tres varones y una mujer. Uno de ellos, a la edad de ocho años, fue diagnosticado con una deficiencia en la hormona del crecimiento que le impedía tener un desarrollo físico normal. Eso explicaba su bajo nivel de crecimiento y era una mala noticia para la familia.

El problema del niño tenía una solución médica pero costaba demasiado, y para Jorge y María era sencillamente imposible pagar su tratamiento; sin embargo, él nunca se dio por vencido, sino que decidió luchar por la vida y el futuro de su pequeño con determinación. Así, tocó puertas en su país de origen, buscando la ayuda que le permitiera resolver su problema.

Al no conseguir ayuda en su país, Jorge se vio obligado a dejar su tierra natal para salir en condición de emigrante a España, con la esperanza de lograrlo. El 15 de febrero de 2001, él y su familia llegaron al aeropuerto de El Prat, en medio del frío invierno Catalán.

Para ayudarlo en su problema, el pequeño hijo de Jorge requería aplicarse una inyección diaria que tenía un costo de 900 dólares, cosa que no era fácil de conseguir. Sin embargo, después de varios intentos, una luz brilló para él. Una entidad se ofreció a hacerse cargo de la totalidad del tratamiento del niño, pues vieron en ese pequeño el mismo futuro brillante que su padre había visto y cultivado. Aquel niño se llama: Lionel Andrés Messi Cuccittini. El resto de su historia ya el mundo la conoce; pero no se habría escrito sino fuese por lo que su padre hizo por él.

Esta historia es una de entre millones de historias escritas por personajes anónimos o de los que el mundo conoce poco, pero que fueron determinantes para hacer que la historia de sus hijos se pudiesen escribir. Una de ellas es la historia de José. Él fue un humilde carpintero en una pequeña y empobrecida ciudad.

Cualidades de un buen padre

José, al igual que Jorge, fue determinante en la vida de su hijo, y en él encontramos cuatro cualidades que tiene un buen padre:

  • En primero lugar: Era un hombre bondadoso.

La Biblia, en Mateo 1:18-19, dice:

“El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto.”

De acuerdo con la ley de Moisés, si se descubría que una mujer comprometida para casarse con un hombre ya no era virgen, debía ser apedreada; pero José, al enterarse de que María estaba encinta, pensó en dejarla en secreto para evitar que eso le sucediera.

  • En segundo lugar: José creía y respetaba la palabra de Dios.

El versículo 20 del mismo capítulo, dice:

Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo.”

En los versículos 24 y 25, continúa diciendo:

“Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y tomó a María por esposa. y sin haber tenido relaciones conyugales, ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.”

  • En tercero lugar: José se dejaba guiar por Dios y le obedecía.

Mateo 2:13 al 15, dice:

“Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” José se levantó, tomó al niño y a su madre, y salió con ellos de noche camino de Egipto, donde estuvieron hasta que murió Herodes.”

Así, José, por salvar la vida de su hijo, salió de su tierra como un migrante, con todo el sacrificio que eso implicó para él y su familia.

  • En cuarto lugar: José cuidó y preparó a su hijo, enseñándole a trabajar para que, al crecer, sea un adulto productivo.

Marcos 6:2-3, dice:

“Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Y muchos oyeron a Jesús, y se preguntaron admirados: –¿Dónde aprendió este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón…?”

En estos dos relatos, podemos ver que tanto la historia de Jorge como la de José, son un buen ejemplo de lo que un buen padre debe ser; por ello, si somos padre, debemos imitarlo; si somos hijos, debemos reconocerlo; y, si todavía no lo hemos hecho, aún podemos hacer algo para remediarlo. Usted ya no puede cambiar su pasado, pero tiene hoy la gran responsabilidad de tomar las decisiones necesarias para emprender acciones que lo llevarán a vivir un futuro de éxito por el resto de su vida.

CONCLUSIÓN

Dios, con el fin de que podamos cumplir el propósito de nuestra vida en la tierra, nos dotó de las capacidades y habilidades para ser buenos padres; pero es nuestra responsabilidad desarrollar todas estas capacidades y habilidades, cultivarlas y aplicarlas cada día para poder traer a existencia una generación de hijos que sepan y entiendan lo que son, cuál es su responsabilidad y cómo cumplir el propósito por el cual Dios nos da la vida. Hay una enorme bendición de Dios para todo padre que oye su voz y le obedece. El Salmo 37, versículos 25, dice:

“Yo fui joven, ya soy viejo, pero nunca vi desamparado al hombre bueno ni jamás vi a sus hijos pedir limosna.”

ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:
Génesis 1:26-28; Génesis 1:9-3; Génesis 12:1-3; Génesis 15;1-7; Génesis 17;1-4; Génesis 18:17-19; Génesis 22:15-18; Salmo 112.

 

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MADRE, reflejo de amor puro y verdadero

El día de la madre

Según un artículo de la enciclopedia en línea Wikipedia, las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, y eran en honor a la diosa Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Los romanos adoptaron esta celebración con el nombre de Cibeles, también conocida como Magna Mater (Gran Madre), y la festejaban el 15 de marzo en el templo edificado en su honor, haciéndole ofrendas por tres días. Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María; por ello, el 8 de diciembre celebran la fiesta de la Inmaculada Concepción.

En la actualidad, el Día de la Madre, más bien, está relacionado con las “Reuniones del Día de la Madre, que eran organizadas por la activista estadounidense Ana María Jarvis. En 1914, tras una resolución del congreso de la nación, el presidente Woodrow Wilson decretó que el segundo domingo de mayo de cada año se celebraría el Día de la Madre, en homenaje al papel de la mujer en la familia.

Wikipedia, en su artículo sobre la activista Ana Jarvis, la presenta como la promotora de esta idea. Allí, dice lo siguiente:

“El 12 de mayo de 1907, dos años después de la muerte de su madre, Ana María quiso conmemorar su fallecimiento y organizó un “día de la madre” para hacerlo. A partir de entonces encabezó una activa campaña que fue extendiéndose a todo el País.”

Siete años después, Ana logró que el presidente Woodrow Wilson recogiera su iniciativa y la promoviera, hasta volver dicha conmemoración en un día de fiesta para todas las madres en general. Así fue gestado el día internacional de la madre que después fue encontrando eco en los otros países que la adoptaron hasta tener la celebración que hoy es conocida. A su vez, Ana Jarvis fue influenciada por la también activista y escritora Julia Ward Howe. Ella fue quien escribió el poema titulado “Proclama del día de las madres”, como un desesperado llamado a la humanidad a causa de la violencia, la muerte y el dolor provocado por la guerra, de lo cual ella fue testigo. Un fragmento de dicho poema dice:

“No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice: ¡Desarma! ¡Desarma! La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión.”

Amor de madre

De acuerdo con la Biblia, el amor de madre es sinonimo del amor sincero, sufrido y sacrificial. En el libro del profeta Jeremías, capítulo 31, versículo 15, la Biblia dice:

“Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.”

El sufrimiento de una madre por sus hijos es una realidad que todos conocemos de manera íntima. Ella vive y muere por ellos, y ningún sacrificio le es demasiado. Una madre siente y sufre el dolor del sufrimiento y la ausencia de sus hijos como nadie más puede hacerlo, pues para ella sus hijos son su tesoro. Esa es la razón por la que en Lucas 23:28, dice:

“Pero Jesús las miró y les dijo: Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos.”

En el libro de Isaías, capítulo 49, versículos 14 al 16, la Biblia dice:

“Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.”

Así, Dios expresa de forma gráfica que su amor por su pueblo es aún más profundo que el amor de una madre. En el libro del profeta Oseas, capítulo 11, versículos 7 y 8, Dios dice:

“Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer. ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión.”

El amor y la compasión de una madre expresa el amor y compasión de Dios por el ser humano. Esa compasión se manifestó en la obra redentora de Jesús, quien por un designio divino, renunció a su vida para salvar nuestras vidas. Así mismo, en Juan, 16:20 al 22, Jesús compara el sufrimiento que vivirían los discípulos a causa de la persecución, con los dolores de parto de una madre. Allí él dice:

“Les digo la verdad: ustedes llorarán y se lamentarán, pero el mundo estará contento. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría. Una mujer que está dando a luz sufre dolor porque su momento ha llegado, pero después se olvida del dolor por la alegría de que ha llegado al mundo un nuevo ser. Pasa lo mismo con ustedes. Ahora están tristes, pero los volveré a ver y se pondrán felices. Nadie podrá quitarles esa felicidad.”

La verdadera causa generadora de dolor en las madres, es el pecado que nos hace esclavos de la maldad, cuando nos apartamos de Dios y de su justicia. Dios conoce esta realidad y sus consecuencias; por ello, él ha hecho una promesa a todas las madres. En Isaías 54:13, dice:

“Yo instruiré a todos tus hijos; todos ellos tendrán gran bienestar.”

Así, cuando abandonamos la rebeldía y nos acercamos a Dios, esa promesa se hace realidad en nuestra vida.

CONCLUSIÓN

Dios ha dotada a la mujer de una extraordinaria capacidad para amar, perdonar y soportar el dolor que trae consigo el privilegio de ser madre. Esa no es una debilidad sino una virtud. En ese don se refleja también el amor de Dios por la humanidad. El apóstol Pablo, en el capítulo 3 de Efesios, versículos 17 al 19, escribe:

“Que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas, y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios.”

ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

Génesis 2:24; Éxodo 23:25-26: Deuteronomio 5:29; Deuteronomio 28 1 al 4; Proverbios 31:25 al 30; Isaías 8:17-18; Isaías 49:22; Isaías 49:25; Isaías 59:21;Jeremías 29;11 al 14.

Varón y hembra nos creó

Fue un trabajo en equipo

bb017a4718bbdd36b2e350c6c6a35b55-e1524231537812.jpgEl día 20 de febrero de 1962, el programa espacial Mercury envió al espacio su primera misión tripulada por un hombre. Ese día, un cohete llamado Atlas partió de su base de lanzamiento, llevando la cápsula espacial Friendship 7, siendo la primera misión tripulada del programa espacial estadounidense que recorrería una órbita alrededor de nuestro planeta. Después de completar tres órbitas, en un recorrido de 4 horas con 55 minutos y 23 segundos, la capsula volvió a la Tierra con su tripulante, el astronauta John Glenn, quien fue recibido como un héroe nacional, con un gran desfile en su honor.

El éxito de dicha misión le daría impulso a una carrera espacial que llevaría al hombre a la Luna. Para lograrlo, participaron en ella los hombres y mujeres más brillantes. Una de las figuras más notables de dicho programa, fue la matemática Katherine Johnson, especialista en geometría analítica. Ella, una mujer afroamericana y de origen humilde, enfrentó las dificultades de vivir en un medio en donde, además de la pobreza, la discriminación por su raza le impedía tener las mismas oportunidades que otras mujeres tenían; sin embargo, eso no le impidió demostrar su talento.

Katherine_Johnson_at_NASA,_in_1966.jpgEn 1961, Katherine calculó la ventana de lanzamiento del Proyecto Mercury. En 1962, calculó con gran precisión la órbita de John Glenn alrededor de la Tierra, su trayectoria de regreso y el punto de amarizaje para que él y la cápsula fueran recogidos por la marina, al momento de su retorno. Katherine también calculó la trayectoria del viaje del Apolo 11 a la luna, y recibió múltiples reconocimientos por su gran aporte a la navegación espacial.

El año 2015, el presidente Barack Obama la condecoró con la Medalla Presidencial de la Libertad, considerada como la concesión civil más alta en los Estados Unidos. El 5 de mayo de 2016, la NASA le dedicó las nuevas instalaciones de investigación en informática del Centro de Investigaciones de Langley en Hampton (Virginia), en conmemoración de los 55 años del histórico lanzamiento de Alan Shepard, que fue posible gracias a esta extraordinaria mujer.

human_computers_3.jpgPero, Katherine Jhonson no fue la única mujer que se destacó en ese ámbito. Ella fue parte de la unidad llamada West Area Computers (Calculistas del Área Oeste), quienes fueron las computadoras humanas que procesaban datos matemáticos para el programa espacial estadounidense. En 1949, Dorothy Vaughan recibió el cargo de directora, siendo la primera mujer afro-americana en alcanzar dicho puesto en la NASA. Entre ellas también estuvo Mary Jackson, y llegó a ser la primera ingeniera aeroespacial estadounidense de raza negra.

Este breve repaso de la historia, nos permite ver cómo la mujer, junto con el hombre, ha sido protagonista de todos los logros de la humanidad. Y es que no podía ser de otra manera, pues tanto las mujeres como los hombres somos parte de un sólo propósito divino que se debe cumplir en la tierra. La Biblia en Génesis 1:27, dice:

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

Allí podemos ver que el propósito de Dios al crear a la mujer, no fue el de hacer un ser inferior al hombre, tampoco una competencia para él; más bien, su propósito es que ella sea su ayuda adecuada para que juntos puedan gobernar y administrar la tierra. Génesis 1:27, dice:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

mujer-trabajadora-2.jpgEs decir, tanto el hombre como la mujer proceden de un mismo diseño y ambos fueron creados a imagen de Dios; sin embargo, la falta de entendimiento de esta realidad ha hecho que el ser humano atente contra el diseño divino. Por ello, en ciertas culturas y religiones la mujer ha sido degradada a una condición de ser inferior al hombre, degenerando en comportamientos abusivos contra ella. La Biblia, en Gálata 3:28, dice:

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”

Esa es la única realidad establecida por Dios; por ello, Jesús vino a restaurar el honor del hombre y de la mujer a la condición original. La historia bíblica nos muestra su contundente obra en ese sentido. El capítulo 8 del Evangelio de Juan narra la historia de una mujer que había perdido su honra, y de cómo una multitud procuraba su muerte. Allí, en los versículos 4 y 5, dice:

“…le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”

Al leerla, vemos que la delicada situación de esta mujer, no solo era por causa de su pecado sino el resultado de la actitud hipócrita de una sociedad que no miraba a la mujer igual que al hombre, sino como alguien de valor inferior. En los dos versículos siguientes de este relato, dice:

“Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.”

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Así, Jesús, puso a todos en la misma condición y obligación. El apóstol Pedro, en su primera carta a la iglesia, capítulo 3, versículo 7, al hablarle a los maridos sobre cómo deben tratar a sus mujeres, escribe:

“Vosotros, 

Maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”

CONCLUSIÓN

Delante de Dios, tanto los hombres como las mujeres somos iguales en valor; por ello, sin importar nuestra raza, condición social, nivel económico, nivel educativo o la nación en que vivimos todos debemos respetarnos y considerarnos; porque no fuimos creados para competir unos contra otros sino para colaborar unos con otros en el propósito de alcanzar grandes metas para gloria de Dios y bien de toda la humanidad, haciendo juntos la voluntad de Dios durante nuestra vida aquí en la tierra. En Juan 15:12, la biblia dice:

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.”

RECOMENDACIÓN:

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ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

Citas sobre mujeres: Génesis 1:26 al 31; Josué 17:3 al 6; Ruth 2:5 al 13; Proverbios capítulo 31; Isaías capítulo 54; Sn. Juan 4:10 al 14.

Citas sobre hombres: Genesis 12:1 al 3; Génesis 22:16 al 18; Deuteronomio 5:29; Salmo 1:1 al3; Salmo 112:1 al 3; Proverbios 5:15 al 20; Proverbios 18:22; Eclesiastés 4:9 al 12.

La Pascua

El término pascua tiene su origen en el verbo hebreo Pesah, que significa “pasar por alto”, en el sentido de “perdonar o excusar”. Su origen se remonta a la noche anterior al éxodo del pueblo de Israel, cuando Dios forzó al faraón para que les dejará salir de Egipto. La historia bíblica registra este evento en el capítulo 12 del libro de Éxodo.

La pascua se celebra la noche del 14 del mes de Abid, también conocido como Nisán, que se ubica entre los meses de marzo y abril. Fue instituida por Dios como una fiesta solemne que todo Israel debía celebrar, conmemorando el día en que Dios los libró de la esclavitud en Egipto. Consistía en una comida ceremonial en la que las familias degollaban un cordero de un año y lo comían asado, con yerbas amargas y panes sin levadura. Esta celebración, luego se extendía por siete días más, en una fiesta llamada: La fiesta de los panes sin levadura. El capítulo 16 de Deuteronomio, dice:

“Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto, de noche. Y sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios, de las ovejas y de las vacas, en el lugar que Jehová escogiere para que habite allí su nombre. No comerás con ella pan con levadura; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto; para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto.” 

En el versículo 4, continúa diciendo:

“Y no se verá levadura contigo en todo tu territorio por siete días; y de la carne que matares en la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana.”

La ausencia de levadura tiene un gran significado, pues en el lenguaje bíblico la levadura significa hipocresía; es decir, Dios estaba demandando absoluta sinceridad.

La sangre del cordero

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Éxodo 12:5 al 8, dice:

“El animal deberá ser de un año, macho y sin defecto, y podrá ser un cordero o un cabrito. Lo guardarán hasta el catorce de este mes, y ese día todos y cada uno en Israel lo matarán al atardecer. Tomarán luego la sangre del animal y la untarán por todo el marco de la puerta de la casa donde coman el animal.”

Más adelante, en los versículos 12 al 14, sigue diciendo:

”Esa noche yo pasaré por todo Egipto, y heriré de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a las primeras crías de sus animales, y dictaré sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor, lo he dicho.

La sangre les servirá para que ustedes señalen las casas donde se encuentren. Y así, cuando yo hiera de muerte a los egipcios, ninguno de ustedes morirá, pues veré la sangre y pasaré de largo.”

Como vemos, quienes habían celebrado la pascua, tenían la sangre del cordero para rescate de sus vidas y protección de sus familias. Levítico 17:11, dice:

“Porque todo ser vive por la sangre que está en él, yo se la he dado a ustedes en el altar para que por medio de ella puedan ustedes pagar el rescate por su vida, pues es la sangre la que paga el rescate por la vida.”

Así, con la sangre de aquel cordero ellos estaban pagando el precio para librar sus vidas del juicio divino que traería muerte a la tierra de Egipto.

Hierbas amargas

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Por otra parte, todos tenían que comer la carne del cordero con hierbas amargas y pan sin levadura, estando vestidos y listos para salir de Egipto. Las hierbas amargas, el pan sin levadura y las ropas puestas representan aflicción, sincero arrepentimiento y anhelo se ser libres. Era necesario que todos ellos reconocieran su condición de esclavos, estuvieran afligidos por ello y dispuestos a salir de allí, a la libertad que Dios les ofrecía. Éxodo 12:8 al 11, dice:

“Se comerán esa misma noche la carne asada al fuego con hierbas amargas y pan sin levadura. No coman ningún pedazo crudo o cocinado en agua. Todo será asado al fuego: la cabeza, las patas y todo lo de adentro. No dejarán nada para la mañana siguiente, sino que quemarán todo lo que les sobre. Cuando lo vayan a comer estarán vestidos así: la ropa ceñida a la cintura, las sandalias puestas y el bastón en la mano. Tienen que comer rápido porque es la Pascua del Señor.”

Sin levadura

 

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En el Evangelio de Lucas, capítulo  12, versículos 1 y 2, la Biblia dice:

“Entonces se reunieron miles de personas, tantas que se atropellaban unas a otras. Antes de hablar a la gente, Jesús les habló primero a sus seguidores: -Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque todo lo escondido se pondrá al descubierto. Todo lo secreto se dará a conocer.”

La hipocresía nos impide ser libres de la esclavitud del pecado y entrar al reino de Dios. Por eso, tenemos que reconocer nuestra condición, afligirnos por ello y estar dispuestos a salir de ese estado a la libertad que Dios nos ofrece por medio de Jesús. En Mateo 21:31-32, él le dice a los fariseos:

“Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos. Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron.”

El Cordero de Dios

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En el Evangelio de Juan, 1:29, relata lo siguiente:

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Así, aquel cordero de la pascua ahora se había actualizado en la persona de Jesús, quien vino a dar su vida en rescate por la humanidad. En Juan 6;51, el dice:

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Su sangre es el rescate por la vida de todo aquel que reconoce que es pecador, se aflige por su condición, se arrepiente sinceramente y toma la decisión de salir de la esclavitud del mundo a la libertad del reino de Dios. Hay quienes lo toman y quienes lo rechazan. Es exactamente lo que vemos en el ejemplo de los dos ladrones que fueron crucificados con él. Uno lo rechazó pero el otro reconoció su necesidad de ser salvo, y lo aceptó. El Evangelio de Lucas narra este episodio, en el capítulo 23, versículos 40 al 43, dice:

“Pero el otro criminal lo calló y le dijo: -Deberías tener temor de Dios, ¿o acaso no estás bajo la misma sentencia? Tú y yo merecemos morir por lo que hicimos, pero este hombre no ha hecho nada malo. Luego le dijo a Jesús: -Acuérdate de mí cuando comiences a reinar. Entonces Jesús le dijo: -Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.” 

CONCLUSIÓN:

Para la humanidad, la fiesta hebrea de la pascua representa el amor de Dios manifestado en Jesús, quien es el cordero inocente, cuya sangre nos fue dada en rescate por nuestra vida. La Biblia, en 1Pedro 1:18 al 20, dice:

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”

Hoy, al igual que los dos ladrones que fueron crucificados con Jesús, todos tenemos la misma oportunidad de ser salvos por medio de su sangre; pero la decisión de tomarlo o rechazarlo es personal.

ACTIVIDAD:

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

El cordero: Éxodo capítulo 12; Salmo 40:6-7; Isaías capítulo 53; S. Juan, capítulos 18 y 19; Romanos 5:12 al 21; 1Corintios 15:3-4; 2Corintios 5:14 al 19; Gálatas 4:4 al 7; Efesios 2:1 al 10; Colosenses 2:11 al 15; Hebreos 8:11 al 15; Apocalipsis capítulo 5.

A imagen de Dios

La Biblia, en el capítulo 1, versículo 27, declara:

“Y creó Dios al hombre a su imagen.”

Y enseguida, vuelve a enfatizar:

“a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Qué es lo que Dios quiere que entendamos? y ¿Qué significa ser a imagen de Dios? Para entender eso, veamos lo que él declara acerca de sí mismo, y de cual es su aspiración acerca de cada uno de nosotros. En el libro de levítico, capítulo 11, versículo 45, dice:

“Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.”

Este mismo libro, en el capítulo 19, versículo 2, vuelve a decir:

“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.”

Más adelante, en el versículo 26 del capítulo 20, el mismo libro de Levítico, dice:

Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.”

Dios, por medio de estas palabras nos da a conocer su deseo y voluntad. Él quiere que seamos santos como él es santo. La Biblia nos enseña que Dios es firme y fiel a su palabra y en sus propósitos, que en él no hay duda ni sombra de variación; por lo tanto, el deseo original de Dios sigue siendo el mismo hasta hoy. Sencillamente, cuando Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo hizo con el fin de que todos los seres humanos seamos el fiel reflejo de su naturaleza y carácter; porque él quiere expresarse por medio de nosotros para que reflejemos en la tierra lo que él es en el cielo. La palabra “santo” en el original, es el término hebreo: “Qadosh”, cuyo significado literal es: puro y consagrado. Este concepto expresa una estricta separación de todo lo impuro, malo o imperfecto en la vida de una persona y una total consagración a una vida de pureza, bondad y perfección. El Salmo 29, en el versículo 2, declara:

“Dad a Jehová la gloria debida a su nombre;
Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.”

Otro aspecto de la imagen de Dios es su naturaleza de amor. Él se ha revelado como la fuente del amor y la bondad, y ese mismo carácter está reflejado en las leyes de su reino; por eso, la justicia expresada en toda la estructura del sistema legal del reino de Dios se resume en amor. El libro del evangelio de Juan, en el capítulo 1, versículo 18, declara:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Esta declaración expresa en forma plena el cumplimiento perfecto del propósito original de Dios en la vida de un ser humano. Jesús, siendo el segundo Adán, vino al escenario de la tierra como un hombre en el cual el propósito divino es cumplido en plenitud; por eso, el apóstol Pablo, en Colosenses, capítulo 1, versículo 15, escribe:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

El propósito de la venida de Cristo y la obra divina en la persona de Jesús, es la de restaurar los diseños originales del reino de Dios para la creación; por eso, en el capítulo 5, versículo 48 del Evangelio de Mateo, dice:

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

En resumen, la imagen de Dios en la vida del hombre se refleja en la pureza y perfección de una vida consagrada a la bondad y la justicia que expresa su carácter y su voluntad en cada aspecto de su existencia. Ser semejante a Dios implica reflejar su carácter y su integridad en toda área de nuestra vida, para manejar todos nuestros asuntos con pureza, justicia y amor, así como Dios lo hace.

Conocer la verdad

La Biblia, en el salmo 34, versículos 12 al 14, dice lo siguiente:

¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.

El anhelo del corazón de toda persona es tener la mejor calidad de vida posible, tanto para él como para su familia, y a eso le dedica la mayor parte de su esfuerzo; sin embargo, para que podamos alcanzar esa aspiración tenemos que entender que hay principios universales que debemos conocer y aplicar en nuestra manera de vivir nuestra vida, porque no son negociables. Eso es lo que nos dice el texto bíblico.

El poder de la lengua

La lengua, en este contexto, es una figura que alude a nuestra forma de hablar, o sea, a nuestras palabras. La expresión: “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.”, se refieren a la necesidad de tener un entendimiento claro y veraz al respecto de lo que hablamos en cada momento, situación y circunstancia de nuestra vida. En realidad, nuestras palabras son la gasolina que impulsa el motor de nuestra vida. Cada cosa que decimos genera un efecto sobre nosotros y sobre los otros; por tanto, las palabras trazan caminos, abren puertas, cierran puertas y generan oportunidades; por ello es necesario que entendamos la dinámica que actúa detrás de nuestras palabras. En realidad, las palabras solo son la forma en que expresamos nuestras ideas; a su vez, nuestras ideas son el resultado de nuestros pensamientos; esos pensamientos son solo el resultado de nuestras de creencias; y, nuestras creencias son el resultado de lo que hemos aprendido a partir de lo que hemos experimentado, visto u oído. Así, debemos comprender que nuestras palabras no surgen de la nada sino que son el resultado se todo un proceso complejo de construcción de nuestra conciencia. Si ese proceso parte de bases verdaderas, nuestras palabras serán palabras verdaderas; por el contrario, si ese proceso parte de bases falsas, nuestras palabras serán mentira, nuestras creencias serán producto de un engaño y todo lo que digamos no será más que eso. Jesús dice que de la abundancia del corazón habla la boca (mateo 12:34). El corazón se refiere al centro de las actividades del alma del ser humano que es su mente. Allí, en la mente, es el lugar en donde se aloja, se razona y se procesa toda la información externa que percibimos a través de nuestros sentidos. Esa información procesada se convierte en las ideas que, de manera particular, tenemos acerca de la realidad; y, cada vez que hablamos, solo estamos expresando esas ideas con palabras.

Lo que vemos y oímos

Las palabras, sean buenas o sean malas, denotan la intención de nuestro corazón; no obstante, no necesariamente una persona tiene que tener una mala intención para hablar mentira y proponer engaños. Lo que realmente hace que una persona conciba y hable palabras de mentira y engaño es el tipo de información que ha recibido y aceptado como verdad en su vida. Si la información que hemos recibido y procesado en nuestra mente es falsa, las ideas que produciremos también serán falsas; por lo tanto, cuando las expresemos con nuestras palabras, estaremos diciendo mentiras, aunque no conscientes de ello; porque el desconocimiento de una realidad no la puede alterar ni la desaparece. En realidad, todos aprendemos de las experiencias que hemos tenido, de lo que hemos visto y de lo que hemos oído, esa información llega a nosotros por diferentes canales y es la que forma nuestra conciencia y nuestra percepción de la realidad de lo que somos, de la realidad de la vida y de la realidad del mundo en que vivimos. Nosotros vemos lo que otros hacen y oímos lo que otros dicen, y esa información sumada a la obtenida por nuestras propias experiencias va formando nuestras ideas y nuestras convicciones; sin embargo, lo que vemos y oímos es mucho más de lo que experimentamos, y una gran parte de esa información es falsa; pero es en base a ella que hablamos y tomamos decisiones. Una ejemplo de ello es toda esa enorme cantidad de información falsa que circula en la Internet, a través de las redes sociales.

Es muy común ver cómo las personas gastan grandes sumas de dinero comprando cosas que no necesitan y que ni siquiera utilizan, tan solo porque las vieron y/o escucharon de alguna fuente que les comunicó que aquellas cosas eran buenas y que las necesitaban para estar actualizados con los últimos avances de la tecnología. Los estrategas que manejan la publicidad de las grandes empresas que comercializan productos conocen bien este comportamiento humano, y por eso montan una campaña publicitaria que induce a la gente a gastarse por adelantado el dinero que aún no se ha ganado para obtener el último celular a precio de “descreme” (el precio de lanzamiento). Lo peor de todo es que aunque dicho aparato cuenta con múltiples aplicaciones, solo lo usarán para tomar fotos, ver las redes sociales, enviar mensajes y responder llamadas. Eso sucede porque lo único que les interesa es aparentar ante los ojos de los demás, mostrándose como personas actualizadas que tienen el último modelo de teléfono; pues, aunque no lo vemos, vivimos en un estado de engaño que nos influencia y que condiciona nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestras palabras y nuestras decisiones.

La eficacia de la verdad

En el mundo de los negocios, tener ideas equivocadas lleva a tomar decisiones equivocada, y ningún emprendimiento puede tener éxito de esa manera; por lo tanto, el primer paso y el más importante al momento de definir una estrategia para el negocio, es el conocimiento de la verdad acerca de aquello en lo que queremos invertir. Es fundamental conocer la verdad sobre la necesidad del mercado en sus diferentes variables para saber si la solución que que se va a ofrecer, es lo que las personas realmente necesitan, y si puede ser acogida por los posibles clientes. Esa es la razón por la que antes de elaborar un plan de ventas, primero se hace un análisis del entorno y una investigación del mercado. Con esas acciones se obtiene la verdad que le da a los estrategas el conocimiento de la realidad que les permitirá elaborar un plan con objetivos coherentes y consistente que les lleve a alcanzar todas sus metas. El conocimiento de esa verdad es indispensable para trazar una estrategia de mercado con un plan de ventas y de finanzas ajustado a la realidad. Ya sabemos que nuestra vida es nuestro negocio más importante que tenemos de desarrollar; por lo tanto, esta ilustración nos ayuda a entender cómo debemos trazar la estrategia para alcanzar nuestro éxito personal en el negocio de nuestra vida, que es nuestra verdadera empresa y gran empresa. En el capítulo 8, versículo 32, Jesús dice:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Por supuesto, cuando Jesús declaró estas palabras, quienes lo escucharon no entendieron lo que él trataba de decirles, debido a que estaban más allá se su capacidad de comprensión. Hoy, el mensaje de estás palabras sigue siendo tan profundo, vigente y efectivo como el día en que él las habló; pero, así mismo, aún nos cuesta entenderlo. No podemos ignorar que la verdad que nos muestra la realidad es la base para el diseño y desarrollo de una estrategia de éxito en todos los niveles de nuestra vida. Lamentablemente, la mayoría de veces, aquellas decisiones estratégicas que hemos tomado para nuestra vida, han estado basadas en ideas engañosas y por eso cometimos los grandes errores que nos llevaron al fracaso. Hoy necesitamos entender que todas las cosas que hemos visto y oído, así como aquellas experiencias buenas o malas que hemos vivido no necesariamente se basan en cosas reales o verdaderas. Una idea basada en algo falso o inexistente, es solo un engaño; pero si la aceptamos como si fuera la verdad y en ella basamos nuestro sistema de creencias, estaremos construyendo el negocio de nuestra vida sobre algo que no existe; por lo tanto, no se podrá sostener ni traerá buenos resultados para nosotros. Así, encontrar la verdad, se constituye en nuestra mayor y más grande necesidad.

Desde que éramos niños, nuestras tradiciones familiares, culturales y religiosas nos han enseñado como verdad cosas que no lo son, y hemos basado nuestra vida y nuestro comportamiento en esas ideas equivocadas que son un producto del engaño y las mentiras en que hemos vivido, aunque ni siquiera somos conscientes de ellos; y, lamentablemente, el hecho de que nosotros ignoremos la verdad no nos exime de las consecuencias de nuestras decisiones equivocadas. Así, aunque nos duela, nuestra ignorancia nos librará de un mal matrimonio, ni de una enfermedad, ni de una quiebra, ni de la cárcel; por más que al tomar las decisiones que derivaron en cualesquiera de estas situaciones, hayamos tenido las mejores intenciones. Solo el conocimiento de la verdad es capaz de ayudarnos a tomar las decisiones correctas para nuestra vida. En el Evangelio de Mateo, al hablar de esta realidad, Jesús usó la siguiente ilustración:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:24-27)

La mentira y la religión

En las diferentes religiones -tanto de las civilizaciones antiguas como de las actuales- la mentira es considerada algo moralmente incorrecto que no debe ser practicado por ninguna persona de bien. En la Biblia, que contiene la doctrina que inspira al judaísmo y el cristianismo, la mentira es un problema arraigado en el corazón del hombre. En el libro del profeta Jeremías, capítulo 17, versículo 9, dice:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

El corazón es el centro de las actividades del alma; el alma controla los actos conscientes e inconscientes que los seres humanos realizamos; eso indica que la mentira puede ser una actividad racional, pero también una actividad realizada de forma espontánea, que no requiere una reflexión previa sino que puede ser el resultado de un impuso instintivo.  Así, al decir que el engaño está arraigado en el corazón, Dios afirma que la mentira es algo mucho más profundo de lo que nosotros consideramos. Esa es la razón por la cual tenemos una lucha constante entre lo que quisiéramos hacer y lo que realmente hacemos. Un ejemplo de ello es la infidelidad conyugal. Cuando una pareja contrae matrimonio, regularmente lo hace muy enamorada y suele hacer votos mutuos de fidelidad; sin embargo, en la mayoría de parejas alguno rompe su voto y tiene una relación extra matrimonial; cuando es descubierto, su primera reacción es negar los hechos. La principal razón para eso, es el temor a perder su matrimonio. Finalmente, esta persona, ante las evidencias que lo acusan, termina aceptando su engaño; sin embargo, se muestra arrepentido de lo que hizo y ruega el perdón, aduciendo que nunca quiso hacerle daño a su pareja ni a sus hijos, y que no quiere perder su hogar. Pablo, el escritor de las Cartas Paulinas de la Biblia, en su epístola a los romanos, capítulo 7, expone esta realidad. Allí, en los versículos 14 al 17, el escribe:

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

Esa frustración expuesta por Pablo en estas palabras es la misma frustración en la que nos vemos inmersos todas las personas, porque no somos capaces de controlar nuestro corazón; y, por lo consiguiente, tampoco nuestras acciones. La historia narrada en el capítulo 8 del Evangelio de Juan, describe esta realidad en forma y contundente y dramática. Allí, los versículos 3 al 5, registran lo siguiente:

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.

Aquí vemos cómo este grupo de personas se acercan a Jesús, citando la ley establecida en su sistema religioso, que condenaba y castigaba la infidelidad conyugal con la muerte. Ellos, aunque en apariencia buscaban hacer justicia, sus verdaderas intenciones eran otras; es decir, lo único que había detrás de esta acción, era un engaño. Por eso, en el siguiente versículo dice:

Mas esto decían tentándole, para poder acusarle.

Entonces, Jesús, después de escucharles, entendiendo e interpretando correctamente la hipocresía de ellos, les lanza un inesperado pero impactante desafío que fue demoledor para ellos, pues sacó a la luz sus verdaderas intenciones. Eso es lo que vemos en el versículo 7, en donde dice:

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

Esa declaración desnudó su consciencia y los expuso ante su propia realidad. En realidad, ninguno de ellos era mejor que esa mujer; pues todos -ante el estándar de la misma ley que decían defender- no eran mentirosos e hipócritas. El paradigma de esta historia, se constituye en un espejo que plantea el problema de la humanidad: la mentira está ligada al corazón y al comportamiento de los seres humanos; por esa causa, el hombre no puede, por sí mismo, establecer ni eliminar los parámetros del bien y el mal.