Ejemplo de un buen padre

Jorge no es un personaje muy conocido. Es el nombre de quien fuera un humilde trabajador, supervisor de producción de alambre de púas en una fábrica de acero. Su esposa, Celia María, trabajaba en un taller de bobinas y se dice que algunas veces también limpiaba casas para redondear su salario.

Jorge es el padre de cuatro hijos; tres varones y una mujer. Uno de ellos, a la edad de ocho años, fue diagnosticado con una deficiencia en la hormona del crecimiento que le impedía tener un desarrollo físico normal. Eso explicaba su bajo nivel de crecimiento y era una mala noticia para la familia.

El problema del niño tenía una solución médica pero costaba demasiado, y para Jorge y María era sencillamente imposible pagar su tratamiento; sin embargo, él nunca se dio por vencido, sino que decidió luchar por la vida y el futuro de su pequeño con determinación. Así, tocó puertas en su país de origen, buscando la ayuda que le permitiera resolver su problema.

Al no conseguir ayuda en su país, Jorge se vio obligado a dejar su tierra natal para salir en condición de emigrante a España, con la esperanza de lograrlo. El 15 de febrero de 2001, él y su familia llegaron al aeropuerto de El Prat, en medio del frío invierno Catalán.

Para ayudarlo en su problema, el pequeño hijo de Jorge requería aplicarse una inyección diaria que tenía un costo de 900 dólares, cosa que no era fácil de conseguir. Sin embargo, después de varios intentos, una luz brilló para él. Una entidad se ofreció a hacerse cargo de la totalidad del tratamiento del niño, pues vieron en ese pequeño el mismo futuro brillante que su padre había visto y cultivado. Aquel niño se llama: Lionel Andrés Messi Cuccittini. El resto de su historia ya el mundo la conoce; pero no se habría escrito sino fuese por lo que su padre hizo por él.

Esta historia es una de entre millones de historias escritas por personajes anónimos o de los que el mundo conoce poco, pero que fueron determinantes para hacer que la historia de sus hijos se pudiesen escribir. Una de ellas es la historia de José. Él fue un humilde carpintero en una pequeña y empobrecida ciudad.

Cualidades de un buen padre

José, al igual que Jorge, fue determinante en la vida de su hijo, y en él encontramos cuatro cualidades que tiene un buen padre:

  • En primero lugar: Era un hombre bondadoso.

La Biblia, en Mateo 1:18-19, dice:

“El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto.”

De acuerdo con la ley de Moisés, si se descubría que una mujer comprometida para casarse con un hombre ya no era virgen, debía ser apedreada; pero José, al enterarse de que María estaba encinta, pensó en dejarla en secreto para evitar que eso le sucediera.

  • En segundo lugar: José creía y respetaba la palabra de Dios.

El versículo 20 del mismo capítulo, dice:

Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo.”

En los versículos 24 y 25, continúa diciendo:

“Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y tomó a María por esposa. y sin haber tenido relaciones conyugales, ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.”

  • En tercero lugar: José se dejaba guiar por Dios y le obedecía.

Mateo 2:13 al 15, dice:

“Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” José se levantó, tomó al niño y a su madre, y salió con ellos de noche camino de Egipto, donde estuvieron hasta que murió Herodes.”

Así, José, por salvar la vida de su hijo, salió de su tierra como un migrante, con todo el sacrificio que eso implicó para él y su familia.

  • En cuarto lugar: José cuidó y preparó a su hijo, enseñándole a trabajar para que, al crecer, sea un adulto productivo.

Marcos 6:2-3, dice:

“Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Y muchos oyeron a Jesús, y se preguntaron admirados: –¿Dónde aprendió este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón…?”

En estos dos relatos, podemos ver que tanto la historia de Jorge como la de José, son un buen ejemplo de lo que un buen padre debe ser; por ello, si somos padre, debemos imitarlo; si somos hijos, debemos reconocerlo; y, si todavía no lo hemos hecho, aún podemos hacer algo para remediarlo. Usted ya no puede cambiar su pasado, pero tiene hoy la gran responsabilidad de tomar las decisiones necesarias para emprender acciones que lo llevarán a vivir un futuro de éxito por el resto de su vida.

CONCLUSIÓN

Dios, con el fin de que podamos cumplir el propósito de nuestra vida en la tierra, nos dotó de las capacidades y habilidades para ser buenos padres; pero es nuestra responsabilidad desarrollar todas estas capacidades y habilidades, cultivarlas y aplicarlas cada día para poder traer a existencia una generación de hijos que sepan y entiendan lo que son, cuál es su responsabilidad y cómo cumplir el propósito por el cual Dios nos da la vida. Hay una enorme bendición de Dios para todo padre que oye su voz y le obedece. El Salmo 37, versículos 25, dice:

“Yo fui joven, ya soy viejo, pero nunca vi desamparado al hombre bueno ni jamás vi a sus hijos pedir limosna.”

ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:
Génesis 1:26-28; Génesis 1:9-3; Génesis 12:1-3; Génesis 15;1-7; Génesis 17;1-4; Génesis 18:17-19; Génesis 22:15-18; Salmo 112.

 

Anuncios

A imagen de Dios

La Biblia, en el capítulo 1, versículo 27, declara:

“Y creó Dios al hombre a su imagen.”

Y enseguida, vuelve a enfatizar:

“a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Qué es lo que Dios quiere que entendamos? y ¿Qué significa ser a imagen de Dios? Para entender eso, veamos lo que él declara acerca de sí mismo, y de cual es su aspiración acerca de cada uno de nosotros. En el libro de levítico, capítulo 11, versículo 45, dice:

“Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.”

Este mismo libro, en el capítulo 19, versículo 2, vuelve a decir:

“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.”

Más adelante, en el versículo 26 del capítulo 20, el mismo libro de Levítico, dice:

Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.”

Dios, por medio de estas palabras nos da a conocer su deseo y voluntad. Él quiere que seamos santos como él es santo. La Biblia nos enseña que Dios es firme y fiel a su palabra y en sus propósitos, que en él no hay duda ni sombra de variación; por lo tanto, el deseo original de Dios sigue siendo el mismo hasta hoy. Sencillamente, cuando Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo hizo con el fin de que todos los seres humanos seamos el fiel reflejo de su naturaleza y carácter; porque él quiere expresarse por medio de nosotros para que reflejemos en la tierra lo que él es en el cielo. La palabra “santo” en el original, es el término hebreo: “Qadosh”, cuyo significado literal es: puro y consagrado. Este concepto expresa una estricta separación de todo lo impuro, malo o imperfecto en la vida de una persona y una total consagración a una vida de pureza, bondad y perfección. El Salmo 29, en el versículo 2, declara:

“Dad a Jehová la gloria debida a su nombre;
Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.”

Otro aspecto de la imagen de Dios es su naturaleza de amor. Él se ha revelado como la fuente del amor y la bondad, y ese mismo carácter está reflejado en las leyes de su reino; por eso, la justicia expresada en toda la estructura del sistema legal del reino de Dios se resume en amor. El libro del evangelio de Juan, en el capítulo 1, versículo 18, declara:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Esta declaración expresa en forma plena el cumplimiento perfecto del propósito original de Dios en la vida de un ser humano. Jesús, siendo el segundo Adán, vino al escenario de la tierra como un hombre en el cual el propósito divino es cumplido en plenitud; por eso, el apóstol Pablo, en Colosenses, capítulo 1, versículo 15, escribe:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

El propósito de la venida de Cristo y la obra divina en la persona de Jesús, es la de restaurar los diseños originales del reino de Dios para la creación; por eso, en el capítulo 5, versículo 48 del Evangelio de Mateo, dice:

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

En resumen, la imagen de Dios en la vida del hombre se refleja en la pureza y perfección de una vida consagrada a la bondad y la justicia que expresa su carácter y su voluntad en cada aspecto de su existencia. Ser semejante a Dios implica reflejar su carácter y su integridad en toda área de nuestra vida, para manejar todos nuestros asuntos con pureza, justicia y amor, así como Dios lo hace.