Varón y hembra nos creó

Fue un trabajo en equipo

bb017a4718bbdd36b2e350c6c6a35b55-e1524231537812.jpgEl día 20 de febrero de 1962, el programa espacial Mercury envió al espacio su primera misión tripulada por un hombre. Ese día, un cohete llamado Atlas partió de su base de lanzamiento, llevando la cápsula espacial Friendship 7, siendo la primera misión tripulada del programa espacial estadounidense que recorrería una órbita alrededor de nuestro planeta. Después de completar tres órbitas, en un recorrido de 4 horas con 55 minutos y 23 segundos, la capsula volvió a la Tierra con su tripulante, el astronauta John Glenn, quien fue recibido como un héroe nacional, con un gran desfile en su honor.

El éxito de dicha misión le daría impulso a una carrera espacial que llevaría al hombre a la Luna. Para lograrlo, participaron en ella los hombres y mujeres más brillantes. Una de las figuras más notables de dicho programa, fue la matemática Katherine Johnson, especialista en geometría analítica. Ella, una mujer afroamericana y de origen humilde, enfrentó las dificultades de vivir en un medio en donde, además de la pobreza, la discriminación por su raza le impedía tener las mismas oportunidades que otras mujeres tenían; sin embargo, eso no le impidió demostrar su talento.

Katherine_Johnson_at_NASA,_in_1966.jpgEn 1961, Katherine calculó la ventana de lanzamiento del Proyecto Mercury. En 1962, calculó con gran precisión la órbita de John Glenn alrededor de la Tierra, su trayectoria de regreso y el punto de amarizaje para que él y la cápsula fueran recogidos por la marina, al momento de su retorno. Katherine también calculó la trayectoria del viaje del Apolo 11 a la luna, y recibió múltiples reconocimientos por su gran aporte a la navegación espacial.

El año 2015, el presidente Barack Obama la condecoró con la Medalla Presidencial de la Libertad, considerada como la concesión civil más alta en los Estados Unidos. El 5 de mayo de 2016, la NASA le dedicó las nuevas instalaciones de investigación en informática del Centro de Investigaciones de Langley en Hampton (Virginia), en conmemoración de los 55 años del histórico lanzamiento de Alan Shepard, que fue posible gracias a esta extraordinaria mujer.

human_computers_3.jpgPero, Katherine Jhonson no fue la única mujer que se destacó en ese ámbito. Ella fue parte de la unidad llamada West Area Computers (Calculistas del Área Oeste), quienes fueron las computadoras humanas que procesaban datos matemáticos para el programa espacial estadounidense. En 1949, Dorothy Vaughan recibió el cargo de directora, siendo la primera mujer afro-americana en alcanzar dicho puesto en la NASA. Entre ellas también estuvo Mary Jackson, y llegó a ser la primera ingeniera aeroespacial estadounidense de raza negra.

Este breve repaso de la historia, nos permite ver cómo la mujer, junto con el hombre, ha sido protagonista de todos los logros de la humanidad. Y es que no podía ser de otra manera, pues tanto las mujeres como los hombres somos parte de un sólo propósito divino que se debe cumplir en la tierra. La Biblia en Génesis 1:27, dice:

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

Allí podemos ver que el propósito de Dios al crear a la mujer, no fue el de hacer un ser inferior al hombre, tampoco una competencia para él; más bien, su propósito es que ella sea su ayuda adecuada para que juntos puedan gobernar y administrar la tierra. Génesis 1:27, dice:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

mujer-trabajadora-2.jpgEs decir, tanto el hombre como la mujer proceden de un mismo diseño y ambos fueron creados a imagen de Dios; sin embargo, la falta de entendimiento de esta realidad ha hecho que el ser humano atente contra el diseño divino. Por ello, en ciertas culturas y religiones la mujer ha sido degradada a una condición de ser inferior al hombre, degenerando en comportamientos abusivos contra ella. La Biblia, en Gálata 3:28, dice:

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”

Esa es la única realidad establecida por Dios; por ello, Jesús vino a restaurar el honor del hombre y de la mujer a la condición original. La historia bíblica nos muestra su contundente obra en ese sentido. El capítulo 8 del Evangelio de Juan narra la historia de una mujer que había perdido su honra, y de cómo una multitud procuraba su muerte. Allí, en los versículos 4 y 5, dice:

“…le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”

Al leerla, vemos que la delicada situación de esta mujer, no solo era por causa de su pecado sino el resultado de la actitud hipócrita de una sociedad que no miraba a la mujer igual que al hombre, sino como alguien de valor inferior. En los dos versículos siguientes de este relato, dice:

“Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.”

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Así, Jesús, puso a todos en la misma condición y obligación. El apóstol Pedro, en su primera carta a la iglesia, capítulo 3, versículo 7, al hablarle a los maridos sobre cómo deben tratar a sus mujeres, escribe:

“Vosotros, 

Maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”

CONCLUSIÓN

Delante de Dios, tanto los hombres como las mujeres somos iguales en valor; por ello, sin importar nuestra raza, condición social, nivel económico, nivel educativo o la nación en que vivimos todos debemos respetarnos y considerarnos; porque no fuimos creados para competir unos contra otros sino para colaborar unos con otros en el propósito de alcanzar grandes metas para gloria de Dios y bien de toda la humanidad, haciendo juntos la voluntad de Dios durante nuestra vida aquí en la tierra. En Juan 15:12, la biblia dice:

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.”

RECOMENDACIÓN:

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ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

Citas sobre mujeres: Génesis 1:26 al 31; Josué 17:3 al 6; Ruth 2:5 al 13; Proverbios capítulo 31; Isaías capítulo 54; Sn. Juan 4:10 al 14.

Citas sobre hombres: Genesis 12:1 al 3; Génesis 22:16 al 18; Deuteronomio 5:29; Salmo 1:1 al3; Salmo 112:1 al 3; Proverbios 5:15 al 20; Proverbios 18:22; Eclesiastés 4:9 al 12.

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Conocer la verdad

La Biblia, en el salmo 34, versículos 12 al 14, dice lo siguiente:

¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.

El anhelo del corazón de toda persona es tener la mejor calidad de vida posible, tanto para él como para su familia, y a eso le dedica la mayor parte de su esfuerzo; sin embargo, para que podamos alcanzar esa aspiración tenemos que entender que hay principios universales que debemos conocer y aplicar en nuestra manera de vivir nuestra vida, porque no son negociables. Eso es lo que nos dice el texto bíblico.

El poder de la lengua

La lengua, en este contexto, es una figura que alude a nuestra forma de hablar, o sea, a nuestras palabras. La expresión: “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.”, se refieren a la necesidad de tener un entendimiento claro y veraz al respecto de lo que hablamos en cada momento, situación y circunstancia de nuestra vida. En realidad, nuestras palabras son la gasolina que impulsa el motor de nuestra vida. Cada cosa que decimos genera un efecto sobre nosotros y sobre los otros; por tanto, las palabras trazan caminos, abren puertas, cierran puertas y generan oportunidades; por ello es necesario que entendamos la dinámica que actúa detrás de nuestras palabras. En realidad, las palabras solo son la forma en que expresamos nuestras ideas; a su vez, nuestras ideas son el resultado de nuestros pensamientos; esos pensamientos son solo el resultado de nuestras de creencias; y, nuestras creencias son el resultado de lo que hemos aprendido a partir de lo que hemos experimentado, visto u oído. Así, debemos comprender que nuestras palabras no surgen de la nada sino que son el resultado se todo un proceso complejo de construcción de nuestra conciencia. Si ese proceso parte de bases verdaderas, nuestras palabras serán palabras verdaderas; por el contrario, si ese proceso parte de bases falsas, nuestras palabras serán mentira, nuestras creencias serán producto de un engaño y todo lo que digamos no será más que eso. Jesús dice que de la abundancia del corazón habla la boca (mateo 12:34). El corazón se refiere al centro de las actividades del alma del ser humano que es su mente. Allí, en la mente, es el lugar en donde se aloja, se razona y se procesa toda la información externa que percibimos a través de nuestros sentidos. Esa información procesada se convierte en las ideas que, de manera particular, tenemos acerca de la realidad; y, cada vez que hablamos, solo estamos expresando esas ideas con palabras.

Lo que vemos y oímos

Las palabras, sean buenas o sean malas, denotan la intención de nuestro corazón; no obstante, no necesariamente una persona tiene que tener una mala intención para hablar mentira y proponer engaños. Lo que realmente hace que una persona conciba y hable palabras de mentira y engaño es el tipo de información que ha recibido y aceptado como verdad en su vida. Si la información que hemos recibido y procesado en nuestra mente es falsa, las ideas que produciremos también serán falsas; por lo tanto, cuando las expresemos con nuestras palabras, estaremos diciendo mentiras, aunque no conscientes de ello; porque el desconocimiento de una realidad no la puede alterar ni la desaparece. En realidad, todos aprendemos de las experiencias que hemos tenido, de lo que hemos visto y de lo que hemos oído, esa información llega a nosotros por diferentes canales y es la que forma nuestra conciencia y nuestra percepción de la realidad de lo que somos, de la realidad de la vida y de la realidad del mundo en que vivimos. Nosotros vemos lo que otros hacen y oímos lo que otros dicen, y esa información sumada a la obtenida por nuestras propias experiencias va formando nuestras ideas y nuestras convicciones; sin embargo, lo que vemos y oímos es mucho más de lo que experimentamos, y una gran parte de esa información es falsa; pero es en base a ella que hablamos y tomamos decisiones. Una ejemplo de ello es toda esa enorme cantidad de información falsa que circula en la Internet, a través de las redes sociales.

Es muy común ver cómo las personas gastan grandes sumas de dinero comprando cosas que no necesitan y que ni siquiera utilizan, tan solo porque las vieron y/o escucharon de alguna fuente que les comunicó que aquellas cosas eran buenas y que las necesitaban para estar actualizados con los últimos avances de la tecnología. Los estrategas que manejan la publicidad de las grandes empresas que comercializan productos conocen bien este comportamiento humano, y por eso montan una campaña publicitaria que induce a la gente a gastarse por adelantado el dinero que aún no se ha ganado para obtener el último celular a precio de “descreme” (el precio de lanzamiento). Lo peor de todo es que aunque dicho aparato cuenta con múltiples aplicaciones, solo lo usarán para tomar fotos, ver las redes sociales, enviar mensajes y responder llamadas. Eso sucede porque lo único que les interesa es aparentar ante los ojos de los demás, mostrándose como personas actualizadas que tienen el último modelo de teléfono; pues, aunque no lo vemos, vivimos en un estado de engaño que nos influencia y que condiciona nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestras palabras y nuestras decisiones.

La eficacia de la verdad

En el mundo de los negocios, tener ideas equivocadas lleva a tomar decisiones equivocada, y ningún emprendimiento puede tener éxito de esa manera; por lo tanto, el primer paso y el más importante al momento de definir una estrategia para el negocio, es el conocimiento de la verdad acerca de aquello en lo que queremos invertir. Es fundamental conocer la verdad sobre la necesidad del mercado en sus diferentes variables para saber si la solución que que se va a ofrecer, es lo que las personas realmente necesitan, y si puede ser acogida por los posibles clientes. Esa es la razón por la que antes de elaborar un plan de ventas, primero se hace un análisis del entorno y una investigación del mercado. Con esas acciones se obtiene la verdad que le da a los estrategas el conocimiento de la realidad que les permitirá elaborar un plan con objetivos coherentes y consistente que les lleve a alcanzar todas sus metas. El conocimiento de esa verdad es indispensable para trazar una estrategia de mercado con un plan de ventas y de finanzas ajustado a la realidad. Ya sabemos que nuestra vida es nuestro negocio más importante que tenemos de desarrollar; por lo tanto, esta ilustración nos ayuda a entender cómo debemos trazar la estrategia para alcanzar nuestro éxito personal en el negocio de nuestra vida, que es nuestra verdadera empresa y gran empresa. En el capítulo 8, versículo 32, Jesús dice:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Por supuesto, cuando Jesús declaró estas palabras, quienes lo escucharon no entendieron lo que él trataba de decirles, debido a que estaban más allá se su capacidad de comprensión. Hoy, el mensaje de estás palabras sigue siendo tan profundo, vigente y efectivo como el día en que él las habló; pero, así mismo, aún nos cuesta entenderlo. No podemos ignorar que la verdad que nos muestra la realidad es la base para el diseño y desarrollo de una estrategia de éxito en todos los niveles de nuestra vida. Lamentablemente, la mayoría de veces, aquellas decisiones estratégicas que hemos tomado para nuestra vida, han estado basadas en ideas engañosas y por eso cometimos los grandes errores que nos llevaron al fracaso. Hoy necesitamos entender que todas las cosas que hemos visto y oído, así como aquellas experiencias buenas o malas que hemos vivido no necesariamente se basan en cosas reales o verdaderas. Una idea basada en algo falso o inexistente, es solo un engaño; pero si la aceptamos como si fuera la verdad y en ella basamos nuestro sistema de creencias, estaremos construyendo el negocio de nuestra vida sobre algo que no existe; por lo tanto, no se podrá sostener ni traerá buenos resultados para nosotros. Así, encontrar la verdad, se constituye en nuestra mayor y más grande necesidad.

Desde que éramos niños, nuestras tradiciones familiares, culturales y religiosas nos han enseñado como verdad cosas que no lo son, y hemos basado nuestra vida y nuestro comportamiento en esas ideas equivocadas que son un producto del engaño y las mentiras en que hemos vivido, aunque ni siquiera somos conscientes de ellos; y, lamentablemente, el hecho de que nosotros ignoremos la verdad no nos exime de las consecuencias de nuestras decisiones equivocadas. Así, aunque nos duela, nuestra ignorancia nos librará de un mal matrimonio, ni de una enfermedad, ni de una quiebra, ni de la cárcel; por más que al tomar las decisiones que derivaron en cualesquiera de estas situaciones, hayamos tenido las mejores intenciones. Solo el conocimiento de la verdad es capaz de ayudarnos a tomar las decisiones correctas para nuestra vida. En el Evangelio de Mateo, al hablar de esta realidad, Jesús usó la siguiente ilustración:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:24-27)

La mentira y la religión

En las diferentes religiones -tanto de las civilizaciones antiguas como de las actuales- la mentira es considerada algo moralmente incorrecto que no debe ser practicado por ninguna persona de bien. En la Biblia, que contiene la doctrina que inspira al judaísmo y el cristianismo, la mentira es un problema arraigado en el corazón del hombre. En el libro del profeta Jeremías, capítulo 17, versículo 9, dice:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

El corazón es el centro de las actividades del alma; el alma controla los actos conscientes e inconscientes que los seres humanos realizamos; eso indica que la mentira puede ser una actividad racional, pero también una actividad realizada de forma espontánea, que no requiere una reflexión previa sino que puede ser el resultado de un impuso instintivo.  Así, al decir que el engaño está arraigado en el corazón, Dios afirma que la mentira es algo mucho más profundo de lo que nosotros consideramos. Esa es la razón por la cual tenemos una lucha constante entre lo que quisiéramos hacer y lo que realmente hacemos. Un ejemplo de ello es la infidelidad conyugal. Cuando una pareja contrae matrimonio, regularmente lo hace muy enamorada y suele hacer votos mutuos de fidelidad; sin embargo, en la mayoría de parejas alguno rompe su voto y tiene una relación extra matrimonial; cuando es descubierto, su primera reacción es negar los hechos. La principal razón para eso, es el temor a perder su matrimonio. Finalmente, esta persona, ante las evidencias que lo acusan, termina aceptando su engaño; sin embargo, se muestra arrepentido de lo que hizo y ruega el perdón, aduciendo que nunca quiso hacerle daño a su pareja ni a sus hijos, y que no quiere perder su hogar. Pablo, el escritor de las Cartas Paulinas de la Biblia, en su epístola a los romanos, capítulo 7, expone esta realidad. Allí, en los versículos 14 al 17, el escribe:

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

Esa frustración expuesta por Pablo en estas palabras es la misma frustración en la que nos vemos inmersos todas las personas, porque no somos capaces de controlar nuestro corazón; y, por lo consiguiente, tampoco nuestras acciones. La historia narrada en el capítulo 8 del Evangelio de Juan, describe esta realidad en forma y contundente y dramática. Allí, los versículos 3 al 5, registran lo siguiente:

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.

Aquí vemos cómo este grupo de personas se acercan a Jesús, citando la ley establecida en su sistema religioso, que condenaba y castigaba la infidelidad conyugal con la muerte. Ellos, aunque en apariencia buscaban hacer justicia, sus verdaderas intenciones eran otras; es decir, lo único que había detrás de esta acción, era un engaño. Por eso, en el siguiente versículo dice:

Mas esto decían tentándole, para poder acusarle.

Entonces, Jesús, después de escucharles, entendiendo e interpretando correctamente la hipocresía de ellos, les lanza un inesperado pero impactante desafío que fue demoledor para ellos, pues sacó a la luz sus verdaderas intenciones. Eso es lo que vemos en el versículo 7, en donde dice:

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

Esa declaración desnudó su consciencia y los expuso ante su propia realidad. En realidad, ninguno de ellos era mejor que esa mujer; pues todos -ante el estándar de la misma ley que decían defender- no eran mentirosos e hipócritas. El paradigma de esta historia, se constituye en un espejo que plantea el problema de la humanidad: la mentira está ligada al corazón y al comportamiento de los seres humanos; por esa causa, el hombre no puede, por sí mismo, establecer ni eliminar los parámetros del bien y el mal.

Propuesta de valor

Percepción de valor

A lo largo de nuestra vida, todos hemos tomado y seguiremos tomando decisiones basadas en la percepción de valor que tenemos acerca del valor de algo o de alguien; pero, esa percepción generalmente está motivada a partir de la propuesta de su valor que alguien nos hizo o nos hará. Así, elegimos estudiar una carrera en una universidad determinada por el programa de estudios que dicha institución nos ofrece, así como por su reputación, etc. Toda esa información viene a nosotros a través de diversos canales y, una vez que la recibimos, la valoramos desde la perspectiva de nuestra necesidad e interés para luego tomar una decisión. Al momento de elegir un entidad financiera para depositar nuestro dinero, una empresa de transporte para viajar o una tienda para comprar siempre habrá de por medio una percepción de valor que nos motiva. Usualmente, antes de pagar por algo, buscamos información sobre sus bondades y también procuramos conocer la experiencia que ya han tenido aquellos personas que la tuvieron antes de nosotros, porque ya la utilizaron; para, en base a ello, tomar nuestra decisión de compra. Hoy, debido a la masificación de la información, las personas queremos tener una mayor certeza al momento de elegir y decidir; por ello, una buena propuesta de valor requiere de mucha honestidad, porque todos queremos obtener siempre las mejores soluciones que nos permitan satisfacer en forma eficiente nuestras necesidades, y producirnos verdadero deleite y bienestar; y no estamos dispuesto a pagar por algo que al final no nos brindará lo que esperamos.

El clamor y la propuesta

Durante nuestro ciclo de vida, todos los seres humanos, tenemos necesidades; y, en función de esas necesidades, cada uno de nosotros estamos anhelando que alguien nos haga una propuesta que se convierta en la solución eficiente que resuelva y satisfaga alguna de nuestras necesidades. Esas diferentes necesidades están presentes en los ámbitos de lo afectivo, emocional, alimenticio, social, laboral, de la salud, etc. Esta es una realidad que la vivimos desde el mismo día de nuestro nacimiento. Así, cuando un bebe nace, siente la necesidad de abrigo porque su cuerpo experimenta el frío al estar expuesto a la temperatura del nuevo ambiente en que ahora se encuentra; así mismo, siente hambre, porque ya no tiene la provisión directa de alimento que tenía cuando estaba en el vientre de su madre, conectado a la fuente, a través del cordón umbilical. Esas nuevas condiciones en su vida lo obligan a clamar por una solución para él; entonces llora, pues es la única manera en que puede comunicarlo; al oírlo, su madre cubre su cuerpo con ropa caliente, le ofrece abrigo en su seno y, enseguida, le provee el alimento que a aquel bebe le hace falta para saciar su hambre. Toda esta dinámica se produce en respuesta a aquel clamor que surgió del bebe como resultado de sus necesidades. Es así que, e mismo clamor que un día estuvo en nosotros cuando fuimos un pequeño bebe recién nacido, de una u otra manera permanecerá en nosotros a lo largo de toda nuestra vida. En realidad, todos los seres humanos abrigamos un clamor que es el resultado de una necesidad insatisfecha que necesita una solución.

La dinámica natural

Todas las necesidades vienen asociadas a las condiciones imperantes en cada etapa o circunstancia de nuestra vida. Esas necesidades producen cierto dolor y un estado de insatisfacción en nosotros. El clamor es el modo que con mayor fuerza expresiva nos permite comunicar ese estado. Al hacerlo, siempre habrá alguien que identifique aquella necesidad que tenemos y que pueda hacernos una propuesta de valor capaz de constituirse para nosotros en la solución que alivia el dolor que dicha necesidad nos está provocando. En todos los ámbitos de la vida, la realidad nos muestra que las relaciones entre los seres humanos se mueven alrededor de esta dinámica, y la podemos observar en la siguiente cadena:

  1. Una condición o circunstancia en nuestra vida produce una necesidad.
  2. Una necesidad no satisfecha en nuestra vida produce un clamor.
  3. Un clamor nuestro permitirá que alguien nos escuche y que identifique nuestra necesidad.
  4. Alguien que logra identificar nuestra necesidad podrá ofrecernos una solución creativa para resolverla.
  5. Una solución que logre resolver nuestra necesidad de forma eficiente, nos quita el dolor y provoca en nosotros bienestar y felicidad.

Relación de dependencia

La felicidad que nos provoca la solución que alguien nos ofreció, y con la cual logramos resolver de manera eficiente la necesidad que nos afligía, nos hará dependientes de aquella persona u objeto que nos la ofrece. La oferta y la demanda generan una dinámica por la relación de dependencia entre el proponente y el necesitado. Las relaciones de dependencia son algo que claramente las podemos ver en nuestra propia vida porque esta dinámica actúa de manera absoluta en las relaciones entre los seres vivos y, por supuesto, entre los seres humanos. Así, aquel bebe recién nacido que como consecuencia de esta dinámica recibió de su madre la solución que requería para satisfacer sus necesidades, permanecerá ligado a ella por el resto de su vida. Este sencillo ejemplo nos muestra que no es una casualidad que los seres humanos nos volvamos dependientes de aquello que se convierte en una solución eficiente para satisfacer alguna de nuestras necesidades más vitales; por ello, es muy común que los pueblos y ciudades se establezcan y crezcan junto a los ríos o fuentes de agua; la razón es porque un río puede proveernos de agua, y el agua es una solución que nos permite satisfacer necesidades vitales, tales como: comida, bebida, aseo, recreación, etc.; y, debido a esa situación, desarrollamos una relación de dependencia con él. En el Evangelio de Juan, capítulo 7, versículos 37 y 38, Dice:

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Allí, Jesús ofrece una solución a los seres humanos; y, en función de esta dinámica, los que han podido recibir el bienestar que esta solución trajo a sus vidas, se han vuelto dependientes de él, esta es la razón por la que, a pesar de todo lo que se dice o hace en contra de cristianismo, la gente sigue creyendo y confiando en Jesús.

Valor

El valor es esa propiedad intrínseca que se le reconoce a los objetos o los sujetos, sean estos materiales o inmateriales, que nos permite medir o cuantificar su importancia y utilidad, en relación con nuestras necesidades; así como su capacidad para brindarnos soluciones eficientes que nos permiten resolver problemas, suplir diferentes necesidades y generarnos satisfacción y bienestar.

La palabra “valor” viene del término latín “valor o valōris”, y -de manera general- se entiende por valor a todas las cualidades que los seres humanos les reconocemos a las cosas, a las personas o a los hechos; pudiendo esta ser una valoración moral, económica, estética o ética, que puede ser positiva o negativa. El diccionario de la Real Academia de la Lengua RAE, ofrece la acepción de esta palabra como el grado de aptitud o utilidad de las cosas, para lograr satisfacer las necesidades, así como para suministrar o producir deleite, bienestar o satisfacción.

Algo que para alguien tiene valor se constituye en un bien por el cual ese alguien está dispuesto a pagar lo que considere necesario para obtenerlo, pues está convencido del bienestar que le producirá. Sin embargo, el valor de algo es subjetivo y está determinado por la percepción de valor que las personas tenemos al respecto de ese algo. Generalmente, la percepción de valor está relacionada con la capacidad que tiene ese algo para satisfacer alguna de nuestras necesidades; por ejemplo, una persona sedienta valorará mucho a un vaso de agua pura y fresca. Sin embargo, el valor de un vaso de agua fresca para una persona sedienta que está perdida en medio de un desierto, es diferente al valor que al mismo vaso de agua fresca le daría otra persona que se encuentra empapada y con frío en medio de un gran aguacero.

En el caso de nosotros los seres humanos, nuestro valor, está determinado por: (1) nuestras cualidades intrínsecas, (2) por la percepción de valor que tenemos acerca de nosotros mismo y (3) por la percepción de valor que las otras personas tienen acerca de nosotros. Así, sin importar nuestro origen, nacionalidad, condición física, condición socio-económica, nivel educativo, etc., todos y cada uno de nosotros tenemos un valor asociado a nuestra condición de ser humano; sin embargo, no todas las demás personas reconocen en nosotros el valor de la misma manera. Por ello, es necesario que cada persona en la tierra conozca y entienda el origen de su valor, porque nuestro valor no está determinado por nuestra condición sino por nuestra creación. La biblia, nos muestra ese origen. En el libro de Génesis, capítulo 1, versículos 26 al 28, dice:

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

En ese relato, Dios nos muestra nuestro origen, nuestro diseño y el propósito de nuestra existencia; y es allí donde debemos descubrir la realidad de lo que somos y cuál es nuestro valor.