MADRE, reflejo de amor puro y verdadero

El día de la madre

Según un artículo de la enciclopedia en línea Wikipedia, las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, y eran en honor a la diosa Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Los romanos adoptaron esta celebración con el nombre de Cibeles, también conocida como Magna Mater (Gran Madre), y la festejaban el 15 de marzo en el templo edificado en su honor, haciéndole ofrendas por tres días. Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María; por ello, el 8 de diciembre celebran la fiesta de la Inmaculada Concepción.

En la actualidad, el Día de la Madre, más bien, está relacionado con las “Reuniones del Día de la Madre, que eran organizadas por la activista estadounidense Ana María Jarvis. En 1914, tras una resolución del congreso de la nación, el presidente Woodrow Wilson decretó que el segundo domingo de mayo de cada año se celebraría el Día de la Madre, en homenaje al papel de la mujer en la familia.

Wikipedia, en su artículo sobre la activista Ana Jarvis, la presenta como la promotora de esta idea. Allí, dice lo siguiente:

“El 12 de mayo de 1907, dos años después de la muerte de su madre, Ana María quiso conmemorar su fallecimiento y organizó un “día de la madre” para hacerlo. A partir de entonces encabezó una activa campaña que fue extendiéndose a todo el País.”

Siete años después, Ana logró que el presidente Woodrow Wilson recogiera su iniciativa y la promoviera, hasta volver dicha conmemoración en un día de fiesta para todas las madres en general. Así fue gestado el día internacional de la madre que después fue encontrando eco en los otros países que la adoptaron hasta tener la celebración que hoy es conocida. A su vez, Ana Jarvis fue influenciada por la también activista y escritora Julia Ward Howe. Ella fue quien escribió el poema titulado “Proclama del día de las madres”, como un desesperado llamado a la humanidad a causa de la violencia, la muerte y el dolor provocado por la guerra, de lo cual ella fue testigo. Un fragmento de dicho poema dice:

“No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice: ¡Desarma! ¡Desarma! La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión.”

Amor de madre

De acuerdo con la Biblia, el amor de madre es sinonimo del amor sincero, sufrido y sacrificial. En el libro del profeta Jeremías, capítulo 31, versículo 15, la Biblia dice:

“Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.”

El sufrimiento de una madre por sus hijos es una realidad que todos conocemos de manera íntima. Ella vive y muere por ellos, y ningún sacrificio le es demasiado. Una madre siente y sufre el dolor del sufrimiento y la ausencia de sus hijos como nadie más puede hacerlo, pues para ella sus hijos son su tesoro. Esa es la razón por la que en Lucas 23:28, dice:

“Pero Jesús las miró y les dijo: Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos.”

En el libro de Isaías, capítulo 49, versículos 14 al 16, la Biblia dice:

“Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.”

Así, Dios expresa de forma gráfica que su amor por su pueblo es aún más profundo que el amor de una madre. En el libro del profeta Oseas, capítulo 11, versículos 7 y 8, Dios dice:

“Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer. ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión.”

El amor y la compasión de una madre expresa el amor y compasión de Dios por el ser humano. Esa compasión se manifestó en la obra redentora de Jesús, quien por un designio divino, renunció a su vida para salvar nuestras vidas. Así mismo, en Juan, 16:20 al 22, Jesús compara el sufrimiento que vivirían los discípulos a causa de la persecución, con los dolores de parto de una madre. Allí él dice:

“Les digo la verdad: ustedes llorarán y se lamentarán, pero el mundo estará contento. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría. Una mujer que está dando a luz sufre dolor porque su momento ha llegado, pero después se olvida del dolor por la alegría de que ha llegado al mundo un nuevo ser. Pasa lo mismo con ustedes. Ahora están tristes, pero los volveré a ver y se pondrán felices. Nadie podrá quitarles esa felicidad.”

La verdadera causa generadora de dolor en las madres, es el pecado que nos hace esclavos de la maldad, cuando nos apartamos de Dios y de su justicia. Dios conoce esta realidad y sus consecuencias; por ello, él ha hecho una promesa a todas las madres. En Isaías 54:13, dice:

“Yo instruiré a todos tus hijos; todos ellos tendrán gran bienestar.”

Así, cuando abandonamos la rebeldía y nos acercamos a Dios, esa promesa se hace realidad en nuestra vida.

CONCLUSIÓN

Dios ha dotada a la mujer de una extraordinaria capacidad para amar, perdonar y soportar el dolor que trae consigo el privilegio de ser madre. Esa no es una debilidad sino una virtud. En ese don se refleja también el amor de Dios por la humanidad. El apóstol Pablo, en el capítulo 3 de Efesios, versículos 17 al 19, escribe:

“Que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas, y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios.”

ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

Génesis 2:24; Éxodo 23:25-26: Deuteronomio 5:29; Deuteronomio 28 1 al 4; Proverbios 31:25 al 30; Isaías 8:17-18; Isaías 49:22; Isaías 49:25; Isaías 59:21;Jeremías 29;11 al 14.

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Varón y hembra nos creó

Fue un trabajo en equipo

bb017a4718bbdd36b2e350c6c6a35b55-e1524231537812.jpgEl día 20 de febrero de 1962, el programa espacial Mercury envió al espacio su primera misión tripulada por un hombre. Ese día, un cohete llamado Atlas partió de su base de lanzamiento, llevando la cápsula espacial Friendship 7, siendo la primera misión tripulada del programa espacial estadounidense que recorrería una órbita alrededor de nuestro planeta. Después de completar tres órbitas, en un recorrido de 4 horas con 55 minutos y 23 segundos, la capsula volvió a la Tierra con su tripulante, el astronauta John Glenn, quien fue recibido como un héroe nacional, con un gran desfile en su honor.

El éxito de dicha misión le daría impulso a una carrera espacial que llevaría al hombre a la Luna. Para lograrlo, participaron en ella los hombres y mujeres más brillantes. Una de las figuras más notables de dicho programa, fue la matemática Katherine Johnson, especialista en geometría analítica. Ella, una mujer afroamericana y de origen humilde, enfrentó las dificultades de vivir en un medio en donde, además de la pobreza, la discriminación por su raza le impedía tener las mismas oportunidades que otras mujeres tenían; sin embargo, eso no le impidió demostrar su talento.

Katherine_Johnson_at_NASA,_in_1966.jpgEn 1961, Katherine calculó la ventana de lanzamiento del Proyecto Mercury. En 1962, calculó con gran precisión la órbita de John Glenn alrededor de la Tierra, su trayectoria de regreso y el punto de amarizaje para que él y la cápsula fueran recogidos por la marina, al momento de su retorno. Katherine también calculó la trayectoria del viaje del Apolo 11 a la luna, y recibió múltiples reconocimientos por su gran aporte a la navegación espacial.

El año 2015, el presidente Barack Obama la condecoró con la Medalla Presidencial de la Libertad, considerada como la concesión civil más alta en los Estados Unidos. El 5 de mayo de 2016, la NASA le dedicó las nuevas instalaciones de investigación en informática del Centro de Investigaciones de Langley en Hampton (Virginia), en conmemoración de los 55 años del histórico lanzamiento de Alan Shepard, que fue posible gracias a esta extraordinaria mujer.

human_computers_3.jpgPero, Katherine Jhonson no fue la única mujer que se destacó en ese ámbito. Ella fue parte de la unidad llamada West Area Computers (Calculistas del Área Oeste), quienes fueron las computadoras humanas que procesaban datos matemáticos para el programa espacial estadounidense. En 1949, Dorothy Vaughan recibió el cargo de directora, siendo la primera mujer afro-americana en alcanzar dicho puesto en la NASA. Entre ellas también estuvo Mary Jackson, y llegó a ser la primera ingeniera aeroespacial estadounidense de raza negra.

Este breve repaso de la historia, nos permite ver cómo la mujer, junto con el hombre, ha sido protagonista de todos los logros de la humanidad. Y es que no podía ser de otra manera, pues tanto las mujeres como los hombres somos parte de un sólo propósito divino que se debe cumplir en la tierra. La Biblia en Génesis 1:27, dice:

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

Allí podemos ver que el propósito de Dios al crear a la mujer, no fue el de hacer un ser inferior al hombre, tampoco una competencia para él; más bien, su propósito es que ella sea su ayuda adecuada para que juntos puedan gobernar y administrar la tierra. Génesis 1:27, dice:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

mujer-trabajadora-2.jpgEs decir, tanto el hombre como la mujer proceden de un mismo diseño y ambos fueron creados a imagen de Dios; sin embargo, la falta de entendimiento de esta realidad ha hecho que el ser humano atente contra el diseño divino. Por ello, en ciertas culturas y religiones la mujer ha sido degradada a una condición de ser inferior al hombre, degenerando en comportamientos abusivos contra ella. La Biblia, en Gálata 3:28, dice:

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”

Esa es la única realidad establecida por Dios; por ello, Jesús vino a restaurar el honor del hombre y de la mujer a la condición original. La historia bíblica nos muestra su contundente obra en ese sentido. El capítulo 8 del Evangelio de Juan narra la historia de una mujer que había perdido su honra, y de cómo una multitud procuraba su muerte. Allí, en los versículos 4 y 5, dice:

“…le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”

Al leerla, vemos que la delicada situación de esta mujer, no solo era por causa de su pecado sino el resultado de la actitud hipócrita de una sociedad que no miraba a la mujer igual que al hombre, sino como alguien de valor inferior. En los dos versículos siguientes de este relato, dice:

“Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.”

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Así, Jesús, puso a todos en la misma condición y obligación. El apóstol Pedro, en su primera carta a la iglesia, capítulo 3, versículo 7, al hablarle a los maridos sobre cómo deben tratar a sus mujeres, escribe:

“Vosotros, 

Maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”

CONCLUSIÓN

Delante de Dios, tanto los hombres como las mujeres somos iguales en valor; por ello, sin importar nuestra raza, condición social, nivel económico, nivel educativo o la nación en que vivimos todos debemos respetarnos y considerarnos; porque no fuimos creados para competir unos contra otros sino para colaborar unos con otros en el propósito de alcanzar grandes metas para gloria de Dios y bien de toda la humanidad, haciendo juntos la voluntad de Dios durante nuestra vida aquí en la tierra. En Juan 15:12, la biblia dice:

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.”

RECOMENDACIÓN:

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ACTIVIDAD

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

Citas sobre mujeres: Génesis 1:26 al 31; Josué 17:3 al 6; Ruth 2:5 al 13; Proverbios capítulo 31; Isaías capítulo 54; Sn. Juan 4:10 al 14.

Citas sobre hombres: Genesis 12:1 al 3; Génesis 22:16 al 18; Deuteronomio 5:29; Salmo 1:1 al3; Salmo 112:1 al 3; Proverbios 5:15 al 20; Proverbios 18:22; Eclesiastés 4:9 al 12.

La Pascua

El término pascua tiene su origen en el verbo hebreo Pesah, que significa “pasar por alto”, en el sentido de “perdonar o excusar”. Su origen se remonta a la noche anterior al éxodo del pueblo de Israel, cuando Dios forzó al faraón para que les dejará salir de Egipto. La historia bíblica registra este evento en el capítulo 12 del libro de Éxodo.

La pascua se celebra la noche del 14 del mes de Abid, también conocido como Nisán, que se ubica entre los meses de marzo y abril. Fue instituida por Dios como una fiesta solemne que todo Israel debía celebrar, conmemorando el día en que Dios los libró de la esclavitud en Egipto. Consistía en una comida ceremonial en la que las familias degollaban un cordero de un año y lo comían asado, con yerbas amargas y panes sin levadura. Esta celebración, luego se extendía por siete días más, en una fiesta llamada: La fiesta de los panes sin levadura. El capítulo 16 de Deuteronomio, dice:

“Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto, de noche. Y sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios, de las ovejas y de las vacas, en el lugar que Jehová escogiere para que habite allí su nombre. No comerás con ella pan con levadura; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto; para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto.” 

En el versículo 4, continúa diciendo:

“Y no se verá levadura contigo en todo tu territorio por siete días; y de la carne que matares en la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana.”

La ausencia de levadura tiene un gran significado, pues en el lenguaje bíblico la levadura significa hipocresía; es decir, Dios estaba demandando absoluta sinceridad.

La sangre del cordero

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Éxodo 12:5 al 8, dice:

“El animal deberá ser de un año, macho y sin defecto, y podrá ser un cordero o un cabrito. Lo guardarán hasta el catorce de este mes, y ese día todos y cada uno en Israel lo matarán al atardecer. Tomarán luego la sangre del animal y la untarán por todo el marco de la puerta de la casa donde coman el animal.”

Más adelante, en los versículos 12 al 14, sigue diciendo:

”Esa noche yo pasaré por todo Egipto, y heriré de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a las primeras crías de sus animales, y dictaré sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor, lo he dicho.

La sangre les servirá para que ustedes señalen las casas donde se encuentren. Y así, cuando yo hiera de muerte a los egipcios, ninguno de ustedes morirá, pues veré la sangre y pasaré de largo.”

Como vemos, quienes habían celebrado la pascua, tenían la sangre del cordero para rescate de sus vidas y protección de sus familias. Levítico 17:11, dice:

“Porque todo ser vive por la sangre que está en él, yo se la he dado a ustedes en el altar para que por medio de ella puedan ustedes pagar el rescate por su vida, pues es la sangre la que paga el rescate por la vida.”

Así, con la sangre de aquel cordero ellos estaban pagando el precio para librar sus vidas del juicio divino que traería muerte a la tierra de Egipto.

Hierbas amargas

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Por otra parte, todos tenían que comer la carne del cordero con hierbas amargas y pan sin levadura, estando vestidos y listos para salir de Egipto. Las hierbas amargas, el pan sin levadura y las ropas puestas representan aflicción, sincero arrepentimiento y anhelo se ser libres. Era necesario que todos ellos reconocieran su condición de esclavos, estuvieran afligidos por ello y dispuestos a salir de allí, a la libertad que Dios les ofrecía. Éxodo 12:8 al 11, dice:

“Se comerán esa misma noche la carne asada al fuego con hierbas amargas y pan sin levadura. No coman ningún pedazo crudo o cocinado en agua. Todo será asado al fuego: la cabeza, las patas y todo lo de adentro. No dejarán nada para la mañana siguiente, sino que quemarán todo lo que les sobre. Cuando lo vayan a comer estarán vestidos así: la ropa ceñida a la cintura, las sandalias puestas y el bastón en la mano. Tienen que comer rápido porque es la Pascua del Señor.”

Sin levadura

 

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En el Evangelio de Lucas, capítulo  12, versículos 1 y 2, la Biblia dice:

“Entonces se reunieron miles de personas, tantas que se atropellaban unas a otras. Antes de hablar a la gente, Jesús les habló primero a sus seguidores: -Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque todo lo escondido se pondrá al descubierto. Todo lo secreto se dará a conocer.”

La hipocresía nos impide ser libres de la esclavitud del pecado y entrar al reino de Dios. Por eso, tenemos que reconocer nuestra condición, afligirnos por ello y estar dispuestos a salir de ese estado a la libertad que Dios nos ofrece por medio de Jesús. En Mateo 21:31-32, él le dice a los fariseos:

“Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos. Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron.”

El Cordero de Dios

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En el Evangelio de Juan, 1:29, relata lo siguiente:

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Así, aquel cordero de la pascua ahora se había actualizado en la persona de Jesús, quien vino a dar su vida en rescate por la humanidad. En Juan 6;51, el dice:

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Su sangre es el rescate por la vida de todo aquel que reconoce que es pecador, se aflige por su condición, se arrepiente sinceramente y toma la decisión de salir de la esclavitud del mundo a la libertad del reino de Dios. Hay quienes lo toman y quienes lo rechazan. Es exactamente lo que vemos en el ejemplo de los dos ladrones que fueron crucificados con él. Uno lo rechazó pero el otro reconoció su necesidad de ser salvo, y lo aceptó. El Evangelio de Lucas narra este episodio, en el capítulo 23, versículos 40 al 43, dice:

“Pero el otro criminal lo calló y le dijo: -Deberías tener temor de Dios, ¿o acaso no estás bajo la misma sentencia? Tú y yo merecemos morir por lo que hicimos, pero este hombre no ha hecho nada malo. Luego le dijo a Jesús: -Acuérdate de mí cuando comiences a reinar. Entonces Jesús le dijo: -Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.” 

CONCLUSIÓN:

Para la humanidad, la fiesta hebrea de la pascua representa el amor de Dios manifestado en Jesús, quien es el cordero inocente, cuya sangre nos fue dada en rescate por nuestra vida. La Biblia, en 1Pedro 1:18 al 20, dice:

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”

Hoy, al igual que los dos ladrones que fueron crucificados con Jesús, todos tenemos la misma oportunidad de ser salvos por medio de su sangre; pero la decisión de tomarlo o rechazarlo es personal.

ACTIVIDAD:

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

El cordero: Éxodo capítulo 12; Salmo 40:6-7; Isaías capítulo 53; S. Juan, capítulos 18 y 19; Romanos 5:12 al 21; 1Corintios 15:3-4; 2Corintios 5:14 al 19; Gálatas 4:4 al 7; Efesios 2:1 al 10; Colosenses 2:11 al 15; Hebreos 8:11 al 15; Apocalipsis capítulo 5.