Conocer la verdad

La Biblia, en el salmo 34, versículos 12 al 14, dice lo siguiente:

¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.

El anhelo del corazón de toda persona es tener la mejor calidad de vida posible, tanto para él como para su familia, y a eso le dedica la mayor parte de su esfuerzo; sin embargo, para que podamos alcanzar esa aspiración tenemos que entender que hay principios universales que debemos conocer y aplicar en nuestra manera de vivir nuestra vida, porque no son negociables. Eso es lo que nos dice el texto bíblico.

El poder de la lengua

La lengua, en este contexto, es una figura que alude a nuestra forma de hablar, o sea, a nuestras palabras. La expresión: “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.”, se refieren a la necesidad de tener un entendimiento claro y veraz al respecto de lo que hablamos en cada momento, situación y circunstancia de nuestra vida. En realidad, nuestras palabras son la gasolina que impulsa el motor de nuestra vida. Cada cosa que decimos genera un efecto sobre nosotros y sobre los otros; por tanto, las palabras trazan caminos, abren puertas, cierran puertas y generan oportunidades; por ello es necesario que entendamos la dinámica que actúa detrás de nuestras palabras. En realidad, las palabras solo son la forma en que expresamos nuestras ideas; a su vez, nuestras ideas son el resultado de nuestros pensamientos; esos pensamientos son solo el resultado de nuestras de creencias; y, nuestras creencias son el resultado de lo que hemos aprendido a partir de lo que hemos experimentado, visto u oído. Así, debemos comprender que nuestras palabras no surgen de la nada sino que son el resultado se todo un proceso complejo de construcción de nuestra conciencia. Si ese proceso parte de bases verdaderas, nuestras palabras serán palabras verdaderas; por el contrario, si ese proceso parte de bases falsas, nuestras palabras serán mentira, nuestras creencias serán producto de un engaño y todo lo que digamos no será más que eso. Jesús dice que de la abundancia del corazón habla la boca (mateo 12:34). El corazón se refiere al centro de las actividades del alma del ser humano que es su mente. Allí, en la mente, es el lugar en donde se aloja, se razona y se procesa toda la información externa que percibimos a través de nuestros sentidos. Esa información procesada se convierte en las ideas que, de manera particular, tenemos acerca de la realidad; y, cada vez que hablamos, solo estamos expresando esas ideas con palabras.

Lo que vemos y oímos

Las palabras, sean buenas o sean malas, denotan la intención de nuestro corazón; no obstante, no necesariamente una persona tiene que tener una mala intención para hablar mentira y proponer engaños. Lo que realmente hace que una persona conciba y hable palabras de mentira y engaño es el tipo de información que ha recibido y aceptado como verdad en su vida. Si la información que hemos recibido y procesado en nuestra mente es falsa, las ideas que produciremos también serán falsas; por lo tanto, cuando las expresemos con nuestras palabras, estaremos diciendo mentiras, aunque no conscientes de ello; porque el desconocimiento de una realidad no la puede alterar ni la desaparece. En realidad, todos aprendemos de las experiencias que hemos tenido, de lo que hemos visto y de lo que hemos oído, esa información llega a nosotros por diferentes canales y es la que forma nuestra conciencia y nuestra percepción de la realidad de lo que somos, de la realidad de la vida y de la realidad del mundo en que vivimos. Nosotros vemos lo que otros hacen y oímos lo que otros dicen, y esa información sumada a la obtenida por nuestras propias experiencias va formando nuestras ideas y nuestras convicciones; sin embargo, lo que vemos y oímos es mucho más de lo que experimentamos, y una gran parte de esa información es falsa; pero es en base a ella que hablamos y tomamos decisiones. Una ejemplo de ello es toda esa enorme cantidad de información falsa que circula en la Internet, a través de las redes sociales.

Es muy común ver cómo las personas gastan grandes sumas de dinero comprando cosas que no necesitan y que ni siquiera utilizan, tan solo porque las vieron y/o escucharon de alguna fuente que les comunicó que aquellas cosas eran buenas y que las necesitaban para estar actualizados con los últimos avances de la tecnología. Los estrategas que manejan la publicidad de las grandes empresas que comercializan productos conocen bien este comportamiento humano, y por eso montan una campaña publicitaria que induce a la gente a gastarse por adelantado el dinero que aún no se ha ganado para obtener el último celular a precio de “descreme” (el precio de lanzamiento). Lo peor de todo es que aunque dicho aparato cuenta con múltiples aplicaciones, solo lo usarán para tomar fotos, ver las redes sociales, enviar mensajes y responder llamadas. Eso sucede porque lo único que les interesa es aparentar ante los ojos de los demás, mostrándose como personas actualizadas que tienen el último modelo de teléfono; pues, aunque no lo vemos, vivimos en un estado de engaño que nos influencia y que condiciona nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestras palabras y nuestras decisiones.

La eficacia de la verdad

En el mundo de los negocios, tener ideas equivocadas lleva a tomar decisiones equivocada, y ningún emprendimiento puede tener éxito de esa manera; por lo tanto, el primer paso y el más importante al momento de definir una estrategia para el negocio, es el conocimiento de la verdad acerca de aquello en lo que queremos invertir. Es fundamental conocer la verdad sobre la necesidad del mercado en sus diferentes variables para saber si la solución que que se va a ofrecer, es lo que las personas realmente necesitan, y si puede ser acogida por los posibles clientes. Esa es la razón por la que antes de elaborar un plan de ventas, primero se hace un análisis del entorno y una investigación del mercado. Con esas acciones se obtiene la verdad que le da a los estrategas el conocimiento de la realidad que les permitirá elaborar un plan con objetivos coherentes y consistente que les lleve a alcanzar todas sus metas. El conocimiento de esa verdad es indispensable para trazar una estrategia de mercado con un plan de ventas y de finanzas ajustado a la realidad. Ya sabemos que nuestra vida es nuestro negocio más importante que tenemos de desarrollar; por lo tanto, esta ilustración nos ayuda a entender cómo debemos trazar la estrategia para alcanzar nuestro éxito personal en el negocio de nuestra vida, que es nuestra verdadera empresa y gran empresa. En el capítulo 8, versículo 32, Jesús dice:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Por supuesto, cuando Jesús declaró estas palabras, quienes lo escucharon no entendieron lo que él trataba de decirles, debido a que estaban más allá se su capacidad de comprensión. Hoy, el mensaje de estás palabras sigue siendo tan profundo, vigente y efectivo como el día en que él las habló; pero, así mismo, aún nos cuesta entenderlo. No podemos ignorar que la verdad que nos muestra la realidad es la base para el diseño y desarrollo de una estrategia de éxito en todos los niveles de nuestra vida. Lamentablemente, la mayoría de veces, aquellas decisiones estratégicas que hemos tomado para nuestra vida, han estado basadas en ideas engañosas y por eso cometimos los grandes errores que nos llevaron al fracaso. Hoy necesitamos entender que todas las cosas que hemos visto y oído, así como aquellas experiencias buenas o malas que hemos vivido no necesariamente se basan en cosas reales o verdaderas. Una idea basada en algo falso o inexistente, es solo un engaño; pero si la aceptamos como si fuera la verdad y en ella basamos nuestro sistema de creencias, estaremos construyendo el negocio de nuestra vida sobre algo que no existe; por lo tanto, no se podrá sostener ni traerá buenos resultados para nosotros. Así, encontrar la verdad, se constituye en nuestra mayor y más grande necesidad.

Desde que éramos niños, nuestras tradiciones familiares, culturales y religiosas nos han enseñado como verdad cosas que no lo son, y hemos basado nuestra vida y nuestro comportamiento en esas ideas equivocadas que son un producto del engaño y las mentiras en que hemos vivido, aunque ni siquiera somos conscientes de ellos; y, lamentablemente, el hecho de que nosotros ignoremos la verdad no nos exime de las consecuencias de nuestras decisiones equivocadas. Así, aunque nos duela, nuestra ignorancia nos librará de un mal matrimonio, ni de una enfermedad, ni de una quiebra, ni de la cárcel; por más que al tomar las decisiones que derivaron en cualesquiera de estas situaciones, hayamos tenido las mejores intenciones. Solo el conocimiento de la verdad es capaz de ayudarnos a tomar las decisiones correctas para nuestra vida. En el Evangelio de Mateo, al hablar de esta realidad, Jesús usó la siguiente ilustración:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:24-27)

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