La Pascua

El término pascua tiene su origen en el verbo hebreo Pesah, que significa “pasar por alto”, en el sentido de “perdonar o excusar”. Su origen se remonta a la noche anterior al éxodo del pueblo de Israel, cuando Dios forzó al faraón para que les dejará salir de Egipto. La historia bíblica registra este evento en el capítulo 12 del libro de Éxodo.

La pascua se celebra la noche del 14 del mes de Abid, también conocido como Nisán, que se ubica entre los meses de marzo y abril. Fue instituida por Dios como una fiesta solemne que todo Israel debía celebrar, conmemorando el día en que Dios los libró de la esclavitud en Egipto. Consistía en una comida ceremonial en la que las familias degollaban un cordero de un año y lo comían asado, con yerbas amargas y panes sin levadura. Esta celebración, luego se extendía por siete días más, en una fiesta llamada: La fiesta de los panes sin levadura. El capítulo 16 de Deuteronomio, dice:

“Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto, de noche. Y sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios, de las ovejas y de las vacas, en el lugar que Jehová escogiere para que habite allí su nombre. No comerás con ella pan con levadura; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto; para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto.” 

En el versículo 4, continúa diciendo:

“Y no se verá levadura contigo en todo tu territorio por siete días; y de la carne que matares en la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana.”

La ausencia de levadura tiene un gran significado, pues en el lenguaje bíblico la levadura significa hipocresía; es decir, Dios estaba demandando absoluta sinceridad.

La sangre del cordero

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Éxodo 12:5 al 8, dice:

“El animal deberá ser de un año, macho y sin defecto, y podrá ser un cordero o un cabrito. Lo guardarán hasta el catorce de este mes, y ese día todos y cada uno en Israel lo matarán al atardecer. Tomarán luego la sangre del animal y la untarán por todo el marco de la puerta de la casa donde coman el animal.”

Más adelante, en los versículos 12 al 14, sigue diciendo:

”Esa noche yo pasaré por todo Egipto, y heriré de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a las primeras crías de sus animales, y dictaré sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor, lo he dicho.

La sangre les servirá para que ustedes señalen las casas donde se encuentren. Y así, cuando yo hiera de muerte a los egipcios, ninguno de ustedes morirá, pues veré la sangre y pasaré de largo.”

Como vemos, quienes habían celebrado la pascua, tenían la sangre del cordero para rescate de sus vidas y protección de sus familias. Levítico 17:11, dice:

“Porque todo ser vive por la sangre que está en él, yo se la he dado a ustedes en el altar para que por medio de ella puedan ustedes pagar el rescate por su vida, pues es la sangre la que paga el rescate por la vida.”

Así, con la sangre de aquel cordero ellos estaban pagando el precio para librar sus vidas del juicio divino que traería muerte a la tierra de Egipto.

Hierbas amargas

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Por otra parte, todos tenían que comer la carne del cordero con hierbas amargas y pan sin levadura, estando vestidos y listos para salir de Egipto. Las hierbas amargas, el pan sin levadura y las ropas puestas representan aflicción, sincero arrepentimiento y anhelo se ser libres. Era necesario que todos ellos reconocieran su condición de esclavos, estuvieran afligidos por ello y dispuestos a salir de allí, a la libertad que Dios les ofrecía. Éxodo 12:8 al 11, dice:

“Se comerán esa misma noche la carne asada al fuego con hierbas amargas y pan sin levadura. No coman ningún pedazo crudo o cocinado en agua. Todo será asado al fuego: la cabeza, las patas y todo lo de adentro. No dejarán nada para la mañana siguiente, sino que quemarán todo lo que les sobre. Cuando lo vayan a comer estarán vestidos así: la ropa ceñida a la cintura, las sandalias puestas y el bastón en la mano. Tienen que comer rápido porque es la Pascua del Señor.”

Sin levadura

 

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En el Evangelio de Lucas, capítulo  12, versículos 1 y 2, la Biblia dice:

“Entonces se reunieron miles de personas, tantas que se atropellaban unas a otras. Antes de hablar a la gente, Jesús les habló primero a sus seguidores: -Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque todo lo escondido se pondrá al descubierto. Todo lo secreto se dará a conocer.”

La hipocresía nos impide ser libres de la esclavitud del pecado y entrar al reino de Dios. Por eso, tenemos que reconocer nuestra condición, afligirnos por ello y estar dispuestos a salir de ese estado a la libertad que Dios nos ofrece por medio de Jesús. En Mateo 21:31-32, él le dice a los fariseos:

“Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos. Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron.”

El Cordero de Dios

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En el Evangelio de Juan, 1:29, relata lo siguiente:

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Así, aquel cordero de la pascua ahora se había actualizado en la persona de Jesús, quien vino a dar su vida en rescate por la humanidad. En Juan 6;51, el dice:

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Su sangre es el rescate por la vida de todo aquel que reconoce que es pecador, se aflige por su condición, se arrepiente sinceramente y toma la decisión de salir de la esclavitud del mundo a la libertad del reino de Dios. Hay quienes lo toman y quienes lo rechazan. Es exactamente lo que vemos en el ejemplo de los dos ladrones que fueron crucificados con él. Uno lo rechazó pero el otro reconoció su necesidad de ser salvo, y lo aceptó. El Evangelio de Lucas narra este episodio, en el capítulo 23, versículos 40 al 43, dice:

“Pero el otro criminal lo calló y le dijo: -Deberías tener temor de Dios, ¿o acaso no estás bajo la misma sentencia? Tú y yo merecemos morir por lo que hicimos, pero este hombre no ha hecho nada malo. Luego le dijo a Jesús: -Acuérdate de mí cuando comiences a reinar. Entonces Jesús le dijo: -Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.” 

CONCLUSIÓN:

Para la humanidad, la fiesta hebrea de la pascua representa el amor de Dios manifestado en Jesús, quien es el cordero inocente, cuya sangre nos fue dada en rescate por nuestra vida. La Biblia, en 1Pedro 1:18 al 20, dice:

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”

Hoy, al igual que los dos ladrones que fueron crucificados con Jesús, todos tenemos la misma oportunidad de ser salvos por medio de su sangre; pero la decisión de tomarlo o rechazarlo es personal.

ACTIVIDAD:

Lee las siguientes promesas de Dios para ti:

El cordero: Éxodo capítulo 12; Salmo 40:6-7; Isaías capítulo 53; S. Juan, capítulos 18 y 19; Romanos 5:12 al 21; 1Corintios 15:3-4; 2Corintios 5:14 al 19; Gálatas 4:4 al 7; Efesios 2:1 al 10; Colosenses 2:11 al 15; Hebreos 8:11 al 15; Apocalipsis capítulo 5.

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A imagen de Dios

La Biblia, en el capítulo 1, versículo 27, declara:

“Y creó Dios al hombre a su imagen.”

Y enseguida, vuelve a enfatizar:

“a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Qué es lo que Dios quiere que entendamos? y ¿Qué significa ser a imagen de Dios? Para entender eso, veamos lo que él declara acerca de sí mismo, y de cual es su aspiración acerca de cada uno de nosotros. En el libro de levítico, capítulo 11, versículo 45, dice:

“Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.”

Este mismo libro, en el capítulo 19, versículo 2, vuelve a decir:

“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.”

Más adelante, en el versículo 26 del capítulo 20, el mismo libro de Levítico, dice:

Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.”

Dios, por medio de estas palabras nos da a conocer su deseo y voluntad. Él quiere que seamos santos como él es santo. La Biblia nos enseña que Dios es firme y fiel a su palabra y en sus propósitos, que en él no hay duda ni sombra de variación; por lo tanto, el deseo original de Dios sigue siendo el mismo hasta hoy. Sencillamente, cuando Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo hizo con el fin de que todos los seres humanos seamos el fiel reflejo de su naturaleza y carácter; porque él quiere expresarse por medio de nosotros para que reflejemos en la tierra lo que él es en el cielo. La palabra “santo” en el original, es el término hebreo: “Qadosh”, cuyo significado literal es: puro y consagrado. Este concepto expresa una estricta separación de todo lo impuro, malo o imperfecto en la vida de una persona y una total consagración a una vida de pureza, bondad y perfección. El Salmo 29, en el versículo 2, declara:

“Dad a Jehová la gloria debida a su nombre;
Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.”

Otro aspecto de la imagen de Dios es su naturaleza de amor. Él se ha revelado como la fuente del amor y la bondad, y ese mismo carácter está reflejado en las leyes de su reino; por eso, la justicia expresada en toda la estructura del sistema legal del reino de Dios se resume en amor. El libro del evangelio de Juan, en el capítulo 1, versículo 18, declara:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Esta declaración expresa en forma plena el cumplimiento perfecto del propósito original de Dios en la vida de un ser humano. Jesús, siendo el segundo Adán, vino al escenario de la tierra como un hombre en el cual el propósito divino es cumplido en plenitud; por eso, el apóstol Pablo, en Colosenses, capítulo 1, versículo 15, escribe:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

El propósito de la venida de Cristo y la obra divina en la persona de Jesús, es la de restaurar los diseños originales del reino de Dios para la creación; por eso, en el capítulo 5, versículo 48 del Evangelio de Mateo, dice:

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

En resumen, la imagen de Dios en la vida del hombre se refleja en la pureza y perfección de una vida consagrada a la bondad y la justicia que expresa su carácter y su voluntad en cada aspecto de su existencia. Ser semejante a Dios implica reflejar su carácter y su integridad en toda área de nuestra vida, para manejar todos nuestros asuntos con pureza, justicia y amor, así como Dios lo hace.

Conocer la verdad

La Biblia, en el salmo 34, versículos 12 al 14, dice lo siguiente:

¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.

El anhelo del corazón de toda persona es tener la mejor calidad de vida posible, tanto para él como para su familia, y a eso le dedica la mayor parte de su esfuerzo; sin embargo, para que podamos alcanzar esa aspiración tenemos que entender que hay principios universales que debemos conocer y aplicar en nuestra manera de vivir nuestra vida, porque no son negociables. Eso es lo que nos dice el texto bíblico.

El poder de la lengua

La lengua, en este contexto, es una figura que alude a nuestra forma de hablar, o sea, a nuestras palabras. La expresión: “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.”, se refieren a la necesidad de tener un entendimiento claro y veraz al respecto de lo que hablamos en cada momento, situación y circunstancia de nuestra vida. En realidad, nuestras palabras son la gasolina que impulsa el motor de nuestra vida. Cada cosa que decimos genera un efecto sobre nosotros y sobre los otros; por tanto, las palabras trazan caminos, abren puertas, cierran puertas y generan oportunidades; por ello es necesario que entendamos la dinámica que actúa detrás de nuestras palabras. En realidad, las palabras solo son la forma en que expresamos nuestras ideas; a su vez, nuestras ideas son el resultado de nuestros pensamientos; esos pensamientos son solo el resultado de nuestras de creencias; y, nuestras creencias son el resultado de lo que hemos aprendido a partir de lo que hemos experimentado, visto u oído. Así, debemos comprender que nuestras palabras no surgen de la nada sino que son el resultado se todo un proceso complejo de construcción de nuestra conciencia. Si ese proceso parte de bases verdaderas, nuestras palabras serán palabras verdaderas; por el contrario, si ese proceso parte de bases falsas, nuestras palabras serán mentira, nuestras creencias serán producto de un engaño y todo lo que digamos no será más que eso. Jesús dice que de la abundancia del corazón habla la boca (mateo 12:34). El corazón se refiere al centro de las actividades del alma del ser humano que es su mente. Allí, en la mente, es el lugar en donde se aloja, se razona y se procesa toda la información externa que percibimos a través de nuestros sentidos. Esa información procesada se convierte en las ideas que, de manera particular, tenemos acerca de la realidad; y, cada vez que hablamos, solo estamos expresando esas ideas con palabras.

Lo que vemos y oímos

Las palabras, sean buenas o sean malas, denotan la intención de nuestro corazón; no obstante, no necesariamente una persona tiene que tener una mala intención para hablar mentira y proponer engaños. Lo que realmente hace que una persona conciba y hable palabras de mentira y engaño es el tipo de información que ha recibido y aceptado como verdad en su vida. Si la información que hemos recibido y procesado en nuestra mente es falsa, las ideas que produciremos también serán falsas; por lo tanto, cuando las expresemos con nuestras palabras, estaremos diciendo mentiras, aunque no conscientes de ello; porque el desconocimiento de una realidad no la puede alterar ni la desaparece. En realidad, todos aprendemos de las experiencias que hemos tenido, de lo que hemos visto y de lo que hemos oído, esa información llega a nosotros por diferentes canales y es la que forma nuestra conciencia y nuestra percepción de la realidad de lo que somos, de la realidad de la vida y de la realidad del mundo en que vivimos. Nosotros vemos lo que otros hacen y oímos lo que otros dicen, y esa información sumada a la obtenida por nuestras propias experiencias va formando nuestras ideas y nuestras convicciones; sin embargo, lo que vemos y oímos es mucho más de lo que experimentamos, y una gran parte de esa información es falsa; pero es en base a ella que hablamos y tomamos decisiones. Una ejemplo de ello es toda esa enorme cantidad de información falsa que circula en la Internet, a través de las redes sociales.

Es muy común ver cómo las personas gastan grandes sumas de dinero comprando cosas que no necesitan y que ni siquiera utilizan, tan solo porque las vieron y/o escucharon de alguna fuente que les comunicó que aquellas cosas eran buenas y que las necesitaban para estar actualizados con los últimos avances de la tecnología. Los estrategas que manejan la publicidad de las grandes empresas que comercializan productos conocen bien este comportamiento humano, y por eso montan una campaña publicitaria que induce a la gente a gastarse por adelantado el dinero que aún no se ha ganado para obtener el último celular a precio de “descreme” (el precio de lanzamiento). Lo peor de todo es que aunque dicho aparato cuenta con múltiples aplicaciones, solo lo usarán para tomar fotos, ver las redes sociales, enviar mensajes y responder llamadas. Eso sucede porque lo único que les interesa es aparentar ante los ojos de los demás, mostrándose como personas actualizadas que tienen el último modelo de teléfono; pues, aunque no lo vemos, vivimos en un estado de engaño que nos influencia y que condiciona nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestras palabras y nuestras decisiones.

La eficacia de la verdad

En el mundo de los negocios, tener ideas equivocadas lleva a tomar decisiones equivocada, y ningún emprendimiento puede tener éxito de esa manera; por lo tanto, el primer paso y el más importante al momento de definir una estrategia para el negocio, es el conocimiento de la verdad acerca de aquello en lo que queremos invertir. Es fundamental conocer la verdad sobre la necesidad del mercado en sus diferentes variables para saber si la solución que que se va a ofrecer, es lo que las personas realmente necesitan, y si puede ser acogida por los posibles clientes. Esa es la razón por la que antes de elaborar un plan de ventas, primero se hace un análisis del entorno y una investigación del mercado. Con esas acciones se obtiene la verdad que le da a los estrategas el conocimiento de la realidad que les permitirá elaborar un plan con objetivos coherentes y consistente que les lleve a alcanzar todas sus metas. El conocimiento de esa verdad es indispensable para trazar una estrategia de mercado con un plan de ventas y de finanzas ajustado a la realidad. Ya sabemos que nuestra vida es nuestro negocio más importante que tenemos de desarrollar; por lo tanto, esta ilustración nos ayuda a entender cómo debemos trazar la estrategia para alcanzar nuestro éxito personal en el negocio de nuestra vida, que es nuestra verdadera empresa y gran empresa. En el capítulo 8, versículo 32, Jesús dice:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Por supuesto, cuando Jesús declaró estas palabras, quienes lo escucharon no entendieron lo que él trataba de decirles, debido a que estaban más allá se su capacidad de comprensión. Hoy, el mensaje de estás palabras sigue siendo tan profundo, vigente y efectivo como el día en que él las habló; pero, así mismo, aún nos cuesta entenderlo. No podemos ignorar que la verdad que nos muestra la realidad es la base para el diseño y desarrollo de una estrategia de éxito en todos los niveles de nuestra vida. Lamentablemente, la mayoría de veces, aquellas decisiones estratégicas que hemos tomado para nuestra vida, han estado basadas en ideas engañosas y por eso cometimos los grandes errores que nos llevaron al fracaso. Hoy necesitamos entender que todas las cosas que hemos visto y oído, así como aquellas experiencias buenas o malas que hemos vivido no necesariamente se basan en cosas reales o verdaderas. Una idea basada en algo falso o inexistente, es solo un engaño; pero si la aceptamos como si fuera la verdad y en ella basamos nuestro sistema de creencias, estaremos construyendo el negocio de nuestra vida sobre algo que no existe; por lo tanto, no se podrá sostener ni traerá buenos resultados para nosotros. Así, encontrar la verdad, se constituye en nuestra mayor y más grande necesidad.

Desde que éramos niños, nuestras tradiciones familiares, culturales y religiosas nos han enseñado como verdad cosas que no lo son, y hemos basado nuestra vida y nuestro comportamiento en esas ideas equivocadas que son un producto del engaño y las mentiras en que hemos vivido, aunque ni siquiera somos conscientes de ellos; y, lamentablemente, el hecho de que nosotros ignoremos la verdad no nos exime de las consecuencias de nuestras decisiones equivocadas. Así, aunque nos duela, nuestra ignorancia nos librará de un mal matrimonio, ni de una enfermedad, ni de una quiebra, ni de la cárcel; por más que al tomar las decisiones que derivaron en cualesquiera de estas situaciones, hayamos tenido las mejores intenciones. Solo el conocimiento de la verdad es capaz de ayudarnos a tomar las decisiones correctas para nuestra vida. En el Evangelio de Mateo, al hablar de esta realidad, Jesús usó la siguiente ilustración:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:24-27)