La mentira y la religión

En las diferentes religiones -tanto de las civilizaciones antiguas como de las actuales- la mentira es considerada algo moralmente incorrecto que no debe ser practicado por ninguna persona de bien. En la Biblia, que contiene la doctrina que inspira al judaísmo y el cristianismo, la mentira es un problema arraigado en el corazón del hombre. En el libro del profeta Jeremías, capítulo 17, versículo 9, dice:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

El corazón es el centro de las actividades del alma; el alma controla los actos conscientes e inconscientes que los seres humanos realizamos; eso indica que la mentira puede ser una actividad racional, pero también una actividad realizada de forma espontánea, que no requiere una reflexión previa sino que puede ser el resultado de un impuso instintivo.  Así, al decir que el engaño está arraigado en el corazón, Dios afirma que la mentira es algo mucho más profundo de lo que nosotros consideramos. Esa es la razón por la cual tenemos una lucha constante entre lo que quisiéramos hacer y lo que realmente hacemos. Un ejemplo de ello es la infidelidad conyugal. Cuando una pareja contrae matrimonio, regularmente lo hace muy enamorada y suele hacer votos mutuos de fidelidad; sin embargo, en la mayoría de parejas alguno rompe su voto y tiene una relación extra matrimonial; cuando es descubierto, su primera reacción es negar los hechos. La principal razón para eso, es el temor a perder su matrimonio. Finalmente, esta persona, ante las evidencias que lo acusan, termina aceptando su engaño; sin embargo, se muestra arrepentido de lo que hizo y ruega el perdón, aduciendo que nunca quiso hacerle daño a su pareja ni a sus hijos, y que no quiere perder su hogar. Pablo, el escritor de las Cartas Paulinas de la Biblia, en su epístola a los romanos, capítulo 7, expone esta realidad. Allí, en los versículos 14 al 17, el escribe:

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

Esa frustración expuesta por Pablo en estas palabras es la misma frustración en la que nos vemos inmersos todas las personas, porque no somos capaces de controlar nuestro corazón; y, por lo consiguiente, tampoco nuestras acciones. La historia narrada en el capítulo 8 del Evangelio de Juan, describe esta realidad en forma y contundente y dramática. Allí, los versículos 3 al 5, registran lo siguiente:

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.

Aquí vemos cómo este grupo de personas se acercan a Jesús, citando la ley establecida en su sistema religioso, que condenaba y castigaba la infidelidad conyugal con la muerte. Ellos, aunque en apariencia buscaban hacer justicia, sus verdaderas intenciones eran otras; es decir, lo único que había detrás de esta acción, era un engaño. Por eso, en el siguiente versículo dice:

Mas esto decían tentándole, para poder acusarle.

Entonces, Jesús, después de escucharles, entendiendo e interpretando correctamente la hipocresía de ellos, les lanza un inesperado pero impactante desafío que fue demoledor para ellos, pues sacó a la luz sus verdaderas intenciones. Eso es lo que vemos en el versículo 7, en donde dice:

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

Esa declaración desnudó su consciencia y los expuso ante su propia realidad. En realidad, ninguno de ellos era mejor que esa mujer; pues todos -ante el estándar de la misma ley que decían defender- no eran mentirosos e hipócritas. El paradigma de esta historia, se constituye en un espejo que plantea el problema de la humanidad: la mentira está ligada al corazón y al comportamiento de los seres humanos; por esa causa, el hombre no puede, por sí mismo, establecer ni eliminar los parámetros del bien y el mal.

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Propuesta de valor

Percepción de valor

A lo largo de nuestra vida, todos hemos tomado y seguiremos tomando decisiones basadas en la percepción de valor que tenemos acerca del valor de algo o de alguien; pero, esa percepción generalmente está motivada a partir de la propuesta de su valor que alguien nos hizo o nos hará. Así, elegimos estudiar una carrera en una universidad determinada por el programa de estudios que dicha institución nos ofrece, así como por su reputación, etc. Toda esa información viene a nosotros a través de diversos canales y, una vez que la recibimos, la valoramos desde la perspectiva de nuestra necesidad e interés para luego tomar una decisión. Al momento de elegir un entidad financiera para depositar nuestro dinero, una empresa de transporte para viajar o una tienda para comprar siempre habrá de por medio una percepción de valor que nos motiva. Usualmente, antes de pagar por algo, buscamos información sobre sus bondades y también procuramos conocer la experiencia que ya han tenido aquellos personas que la tuvieron antes de nosotros, porque ya la utilizaron; para, en base a ello, tomar nuestra decisión de compra. Hoy, debido a la masificación de la información, las personas queremos tener una mayor certeza al momento de elegir y decidir; por ello, una buena propuesta de valor requiere de mucha honestidad, porque todos queremos obtener siempre las mejores soluciones que nos permitan satisfacer en forma eficiente nuestras necesidades, y producirnos verdadero deleite y bienestar; y no estamos dispuesto a pagar por algo que al final no nos brindará lo que esperamos.

El clamor y la propuesta

Durante nuestro ciclo de vida, todos los seres humanos, tenemos necesidades; y, en función de esas necesidades, cada uno de nosotros estamos anhelando que alguien nos haga una propuesta que se convierta en la solución eficiente que resuelva y satisfaga alguna de nuestras necesidades. Esas diferentes necesidades están presentes en los ámbitos de lo afectivo, emocional, alimenticio, social, laboral, de la salud, etc. Esta es una realidad que la vivimos desde el mismo día de nuestro nacimiento. Así, cuando un bebe nace, siente la necesidad de abrigo porque su cuerpo experimenta el frío al estar expuesto a la temperatura del nuevo ambiente en que ahora se encuentra; así mismo, siente hambre, porque ya no tiene la provisión directa de alimento que tenía cuando estaba en el vientre de su madre, conectado a la fuente, a través del cordón umbilical. Esas nuevas condiciones en su vida lo obligan a clamar por una solución para él; entonces llora, pues es la única manera en que puede comunicarlo; al oírlo, su madre cubre su cuerpo con ropa caliente, le ofrece abrigo en su seno y, enseguida, le provee el alimento que a aquel bebe le hace falta para saciar su hambre. Toda esta dinámica se produce en respuesta a aquel clamor que surgió del bebe como resultado de sus necesidades. Es así que, e mismo clamor que un día estuvo en nosotros cuando fuimos un pequeño bebe recién nacido, de una u otra manera permanecerá en nosotros a lo largo de toda nuestra vida. En realidad, todos los seres humanos abrigamos un clamor que es el resultado de una necesidad insatisfecha que necesita una solución.

La dinámica natural

Todas las necesidades vienen asociadas a las condiciones imperantes en cada etapa o circunstancia de nuestra vida. Esas necesidades producen cierto dolor y un estado de insatisfacción en nosotros. El clamor es el modo que con mayor fuerza expresiva nos permite comunicar ese estado. Al hacerlo, siempre habrá alguien que identifique aquella necesidad que tenemos y que pueda hacernos una propuesta de valor capaz de constituirse para nosotros en la solución que alivia el dolor que dicha necesidad nos está provocando. En todos los ámbitos de la vida, la realidad nos muestra que las relaciones entre los seres humanos se mueven alrededor de esta dinámica, y la podemos observar en la siguiente cadena:

  1. Una condición o circunstancia en nuestra vida produce una necesidad.
  2. Una necesidad no satisfecha en nuestra vida produce un clamor.
  3. Un clamor nuestro permitirá que alguien nos escuche y que identifique nuestra necesidad.
  4. Alguien que logra identificar nuestra necesidad podrá ofrecernos una solución creativa para resolverla.
  5. Una solución que logre resolver nuestra necesidad de forma eficiente, nos quita el dolor y provoca en nosotros bienestar y felicidad.

Relación de dependencia

La felicidad que nos provoca la solución que alguien nos ofreció, y con la cual logramos resolver de manera eficiente la necesidad que nos afligía, nos hará dependientes de aquella persona u objeto que nos la ofrece. La oferta y la demanda generan una dinámica por la relación de dependencia entre el proponente y el necesitado. Las relaciones de dependencia son algo que claramente las podemos ver en nuestra propia vida porque esta dinámica actúa de manera absoluta en las relaciones entre los seres vivos y, por supuesto, entre los seres humanos. Así, aquel bebe recién nacido que como consecuencia de esta dinámica recibió de su madre la solución que requería para satisfacer sus necesidades, permanecerá ligado a ella por el resto de su vida. Este sencillo ejemplo nos muestra que no es una casualidad que los seres humanos nos volvamos dependientes de aquello que se convierte en una solución eficiente para satisfacer alguna de nuestras necesidades más vitales; por ello, es muy común que los pueblos y ciudades se establezcan y crezcan junto a los ríos o fuentes de agua; la razón es porque un río puede proveernos de agua, y el agua es una solución que nos permite satisfacer necesidades vitales, tales como: comida, bebida, aseo, recreación, etc.; y, debido a esa situación, desarrollamos una relación de dependencia con él. En el Evangelio de Juan, capítulo 7, versículos 37 y 38, Dice:

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Allí, Jesús ofrece una solución a los seres humanos; y, en función de esta dinámica, los que han podido recibir el bienestar que esta solución trajo a sus vidas, se han vuelto dependientes de él, esta es la razón por la que, a pesar de todo lo que se dice o hace en contra de cristianismo, la gente sigue creyendo y confiando en Jesús.

El amor

El día del amor y la amistad

El 14 de febrero, en Ecuador se celebra el “Día del amor y la amistad”. Esta fecha tiene su origen en la celebración romana de las fiestas “lupercales”, que se realizaba el día 15 de febrero. Fue en el año 496, que el papa Gelasio I prohibió la celebración de la Lupercalia e instauró el 14 de febrero como día de la fiesta de San Valentín, en honor a los enamorados.

A pesar de que esta celebración tiene origen europeo, con el paso del tiempo se propagó por las diferentes naciones. Hoy, en la actualidad, la mayoría de países celebra el día del amor y de la amistad, aunque la fecha varía en algunas de ellas; por ejemplo, en Brasil, se celebra el 21 de junio; en Colombia y Bolivia lo celebran el mes de septiembre; mientras que en Cataluña lo celebran el día 21 de abril.

Según el diccionario Significados, El amor es un sentimiento de afecto universal que se tiene hacia una persona, animal o cosa. Amor también hace referencia a un sentimiento de atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se tiene o se desea tener una relación afectiva y convivir bajo el mismo techo. También, amor es el esmero y agrado con el que se realiza alguna cosa o actividad.

El amor se demuestra a través de palabras y de acciones que expresan el mensaje de afecto de parte de quien lo siente en su corazón; es por eso que siempre se representa con la figura de un corazón. En el ámbito romántico, también se representa con la figura de Cupido, dios romano del deseo amoroso; así, un corazón atravesado por la flecha de cupido simboliza el amor romántico, en cambio, un corazón roto representa el desamor.

Aun cuando el amor es un sentimiento universal, este se clasifica de forma diversa, dependiendo el tipo de relación existente entre las personas involucradas; por ejemplo, el amor entre padres e hijos, se denomina amor filial; en este tipo de amor existe una relación de superioridad o de autoridad, ya que un hijo siempre debe estar sujeto a sus padres.

El amor fraternal

El amor fraternal es aquel que se da entre hermanos, entre miembros de una familia o entre personas que sin tener lazos de sangre que los relacionen, se aprecian y se consideran de forma especial. Esta clase de amor nos permite tener una buena y sana convivencia con los demás.

El amor romántico o conyugal

Es el amor que se da entre parejas que desarrollan sentimientos, anhelo y deseo de compartir su vida. Generalmente, quienes se involucran en este tipo de relación buscan la satisfacción personal y tienen la aspiración de conformar un hogar, tener descendencia y formar una familia.

El amor incondicional

Otra clasificación del amor, es el amor que es incondicional. Este es aquel que se da cuando alguien se entrega completamente sin esperar recibir nada a cambio, los ejemplos perfectos de amor incondicional, son el amor de Dios por la humanidad, el amor que une espiritualmente a creyentes que practican la misma fe y, también, el amor de padre y madre por sus hijos.

Dios y el amor

La Biblia nos habla mucho del amor. De hecho, toda la historia bíblica gira alrededor esta realidad, pues muestra a Dios como la esencia del amor; por ello, el evangelio de Lucas, en el capítulo 10, versículos 25 al 28, narra lo siguiente:

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

De esa manera Jesús nos enseña que el amor debe ser el eje sobre el cual gire nuestra vida; pues la demanda divina para todo ser humano es amar a Dios, amarse a sí mismo y amar a sus semejantes. En referencia a esto, el apóstol Pablo, en la Carta a los Romanos, capítulo 13, versículos 8 al 10, escribe:

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Dios es amor y al amarnos, solo está expresando su propia esencia. Jesús, siendo el hijo de Dios, manifestó su amor incondicional por la humanidad, al elegir morir por nuestros pecados para salvarnos de la condenación eterna. Romanos 5:6 al 8, dice:

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

En el Evangelio de Juan, capítulo 15, versículos 9 y 10, Jesús dice:

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Así, pues, más que un sentimiento, el amor es el resultado de la decisión consciente que cada ser humano debe tomar para hacer lo que Dios manda; Jesús enseña que debemos someter nuestra vida a su autoridad, como el hijo se somete a la autoridad de su padre y le obedece. Él así lo hizo, siendo obediente al Padre hasta la muerte, por eso fue a la cruz. En los versículos 12 y 13, él continúa diciendo:

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

CONCLUSIÓN

El amor que en el mundo se promueve y practica, se basa en sentimientos. El problema con ello, es que los sentimientos no son estables porque cambian de acuerdo con las circunstancias. Esa es la causa por la cual, tarde o temprano, ese amor se acaba. Un amor basado en sentimientos no puede permanecer sino que se desvanece cuando las circunstancias que lo provocan desaparecen. En cambio, el verdadero amor dura para siempre porque nace y se alimenta de Dios, que es la fuente inagotable de toda virtud. En 1Corintios 13:4 al 8, la biblia dice:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…

Valor

El valor es esa propiedad intrínseca que se le reconoce a los objetos o los sujetos, sean estos materiales o inmateriales, que nos permite medir o cuantificar su importancia y utilidad, en relación con nuestras necesidades; así como su capacidad para brindarnos soluciones eficientes que nos permiten resolver problemas, suplir diferentes necesidades y generarnos satisfacción y bienestar.

La palabra “valor” viene del término latín “valor o valōris”, y -de manera general- se entiende por valor a todas las cualidades que los seres humanos les reconocemos a las cosas, a las personas o a los hechos; pudiendo esta ser una valoración moral, económica, estética o ética, que puede ser positiva o negativa. El diccionario de la Real Academia de la Lengua RAE, ofrece la acepción de esta palabra como el grado de aptitud o utilidad de las cosas, para lograr satisfacer las necesidades, así como para suministrar o producir deleite, bienestar o satisfacción.

Algo que para alguien tiene valor se constituye en un bien por el cual ese alguien está dispuesto a pagar lo que considere necesario para obtenerlo, pues está convencido del bienestar que le producirá. Sin embargo, el valor de algo es subjetivo y está determinado por la percepción de valor que las personas tenemos al respecto de ese algo. Generalmente, la percepción de valor está relacionada con la capacidad que tiene ese algo para satisfacer alguna de nuestras necesidades; por ejemplo, una persona sedienta valorará mucho a un vaso de agua pura y fresca. Sin embargo, el valor de un vaso de agua fresca para una persona sedienta que está perdida en medio de un desierto, es diferente al valor que al mismo vaso de agua fresca le daría otra persona que se encuentra empapada y con frío en medio de un gran aguacero.

En el caso de nosotros los seres humanos, nuestro valor, está determinado por: (1) nuestras cualidades intrínsecas, (2) por la percepción de valor que tenemos acerca de nosotros mismo y (3) por la percepción de valor que las otras personas tienen acerca de nosotros. Así, sin importar nuestro origen, nacionalidad, condición física, condición socio-económica, nivel educativo, etc., todos y cada uno de nosotros tenemos un valor asociado a nuestra condición de ser humano; sin embargo, no todas las demás personas reconocen en nosotros el valor de la misma manera. Por ello, es necesario que cada persona en la tierra conozca y entienda el origen de su valor, porque nuestro valor no está determinado por nuestra condición sino por nuestra creación. La biblia, nos muestra ese origen. En el libro de Génesis, capítulo 1, versículos 26 al 28, dice:

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

En ese relato, Dios nos muestra nuestro origen, nuestro diseño y el propósito de nuestra existencia; y es allí donde debemos descubrir la realidad de lo que somos y cuál es nuestro valor.

 

La mentira

Según el diccionario de la Real Academia de la lengua Española, la mentira es:

Una expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente. Es algo que no es verdad.

Un concepto más amplio sobre este término lo encontramos en la enciclopedia en línea Wikipedia. Allí, en el primer párrafo de su artículo, define la mentira de la siguiente manera:

Una mentira es una declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad en forma parcial o total. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente.

Así, pues, la mentira es una manera consciente y deliberada de comunicar algo con la intención de engañar, pretendiendo hacer que otros la vean como algo real y crean como algo verdadero. Sinónimos de mentira son las palabra: embuste, bola, calumnia, coba o falacia. Este mismo artículo de Wikipedia, al ampliar su concepto sobre la mentira, dice:

Mentir está en contra de los cánones morales de muchas personas y está específicamente prohibido como pecado en muchas religiones. La tradición ética y los filósofos están divididos sobre si se puede permitir a veces una mentira (pero generalmente se posicionan en contra): Platón decía que sí, mientras que Aristóteles, san Agustín y Kant decían que nunca se puede permitir.

En función de las circunstancias, se entiende que mentir para proteger a personas de un opresor inmoral suele ser permisible. Es el caso, por ejemplo, de las víctimas de una guerra. Mentir de una forma que intensifica un conflicto, en vez de atenuarlo, generalmente se considera el peor pecado.

Un mentiroso es una persona que tiene cierta tendencia a decir mentiras. La tolerancia de la gente con los mentirosos habitualmente es muy pequeña, y a menudo sólo se necesita que se sorprenda a alguien en una mentira para que se le asigne la etiqueta de mentiroso y se le pierda para siempre la confianza.

Desde que somos niños, utilizamos el engaño como recurso para alcanzar lo que deseamos. Un bebe se da cuenta de que al llorar consigue  llamar la atención de su madre, y aprende a utilizar el llanto para manipularla y obtener lo que desea. Así, vemos que la primera motivación que el ser humano desarrolla para mentir el deseo de lograr un beneficio de manera más fácil. En realidad, desde niños, vamos desarrollando un comportamiento mentiroso. Estudios, realizados para evaluar la mentira, concluyen que los niños entre los 3 y los 5 años no son conscientes de sus mentiras sino que estas son parte de los juegos y fantasías que son naturales de su edad, sin embargo, si se vuelven parte de su comportamiento habitual, se conviertan en la manera de lograr todo lo que desean. También pueden hacerlo para evitar un castigo. Otra causa para que los niños mientan, es la imitación.

En pruebas realizadas con adolescentes para evaluar cuánto mienten, se estableció que el 50% mintió acerca de cuestiones relacionadas con el dinero y el 83% ha mentido a sus padres. En realidad, las causas por la cuales la gente miente son muy variadas. La Psicóloga Clínica Pericial, Dra. Sandra Ferrera, en su artículo “Por qué mentimos” publicado en el Blog Psicología BCN, afirma que:

Mentir no es simplemente el hecho de decir cosas que no son verdad, también se miente ocultando información, se puede mentir sin utilizar las palabras (sonrisas falsas, maquillajes que ocultan o disfrazan parte de nuestro cuerpo…) 

La gente miente para quedar bien, para excusarse, para obtener lo que quiere, para no perder ciertos derechos, para dar una mejor imagen de sí misma, para no ofender o hacer sufrir a otras personas con la verdad, porque no saben o no pueden decir que no, para postergar decisiones, por temor al rechazo o al castigo.

(http://www.psicologiabcn.com/por-que-mentimos/)

David Livingstone Smith, profesor de filosofía, cofundador y actual coordinador del Instituto para la Ciencia Cognoscitiva y Psicología Evolutiva de la Universidad de Nueva Inglaterra, en su libro “¿Por qué mentimos?”. Explica que mentir da ventajas; por eso afirma que: “mentimos de forma espontánea igual que respiramos o sudamos”. Livingdstone, ante la pregunta: ¿por qué mentimos?, responde:

Porque funciona. Los Homo sapiens que fueron mejores para mentir obtuvieron ventaja sobre otros en la implacable lucha para el éxito reproductivo. Como humanos, debemos acoplarnos a un sistema social determinado para alcanzar el éxito, y nuestra mejor arma es destacar, diferenciarnos; mentir ayuda en esa tarea. Y mentirnos a nosotros mismos –un talento construido por nuestra mente– nos ayuda a aceptar ese comportamiento fraudulento; pero si esta verdad le incomoda, querido lector, quizá esté más tranquilo al saber que no es la única especie que miente.

Sin embargo, el ser humano es la única especie que no solo engaña a otros sino que también se engaña así mismo. Este comportamiento, desde hace mucho tiempo viene siendo muy analizado y estudiado por los filósofos y psicólogos, y es en sí una paradoja a la que no logran resolver. La gente no solo miente con sus palabras sino que utiliza una amplia variedad de recursos para hacerlo; por ejemplo, al decir: Marilyn Monroe, inmediatamente viene a nuestra mente la imagen de aquella joven modelo y actriz norteamericana de cabello rubio que se convirtió en un ícono de la sensualidad; sin embargo, ella ni se llamaba Marilyn, ni era rubia. En realidad, su nombre verdadero fue Norma Jeane Mortenson, posteriormente adoptó el apellido de su madre y pasó a llamarse Norma Jeane Baker. En sus inicios como modelo mantenía el color oscuro rojizo de su cabello natural, y no fue sino a sus veinte años, cuando ya era una actriz, que cambió el color oscuro de su cabello por el rubio que hoy conocemos. No obstante, para todos, ella es Marilyn Monroe, la chica rubia que conquistó Hollywood.

Hoy, las industrias de la moda, el maquillaje y la cirugía estética mueven miles de millones de dólares para hacer que las personas modifiquen su apariencia y se muestren diferentes a lo que realmente son. Exponer ante los demás una apariencia física que nos haga ver diferentes a lo que realmente somos, es aceptado por la sociedad; pues no se considera como un engaño. Usualmente, las chicas que participan en los reinados de bellezas, modifican partes de su rostro o cuerpo; también, las fotografías de las modelos que se publican en las revistas son retocadas para mejorar su imagen; así, engañar modificando la apariencia del rostro y del cuerpo para lograr una mejor aceptación, es algo muy común entre los artistas de moda.

Esta realidad no es casual. En el Evangelio de Juan, capítulo 8 versículos 43 al 45, Jesús dice lo siguiente:

¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.

Así, la mentira tiene un padre. Satanás es mentiroso y ha engañado al ser humano para que viva en mentira, engañando y siendo engañado. Juan, en el capítulo 5, versículos 18 al 20, de su primera carta a la iglesia, escribe lo siguiente:

Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

La expresión: El mundo entero está bajo el maligno, explica o se refiere a que el mundo vive de acuerdo con lo que Satanás ha establecido; pues él es el gobernante espiritual del ser humano que vive alejado de Dios. Jesús, por medio de su enseñanza y ejemplo, vino a mostrarnos esta realidad espiritual para hacernos libres de una vida de engaño. En Juan Capítulo 8, versículo 31 y 32, dice:

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Su anhelo es que vivamos en verdad y en justicia, para que disfrutemos de los beneficios del reino de Dios. Él conoce nuestra lamentable condición y quiere ayudarnos a salir de ella, y la única manera es haciéndonos libres de la mentira que nos hace esclavos del pecado. En el Evangelio de Juan, capítulo 17, versículos 15 al 17, Jesús ora al Padre, diciendo:

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.