Al empezar un año nuevo

El tiempo es la dimensión con la cual medimos la duración o separación de los acontecimientos. Gracias al tiempo, podemos organizar todos los hechos en una secuencia ordenada; estableciendo un pasado (aquello que ya sucedió), un presente (lo que está pasando en el momento actual) y un futuro (aquello que va a pasar próximamente).

El tiempo es un bien invaluable; es un recurso inmaterial con el que todos los seres humanos contamos, sin importar nuestra raza, nacionalidad, condición económica, social o cultural. Lo recibimos desde el mismo momento de nacer; y, a medida que crecemos, nos convertimos en responsables de la manera en que lo usamos.

Día a día, nuestra vida pasa a través de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, de cada día, semana, mes y año sin que lo podamos evitar; y, en ese transcurrir, viviremos las cosas que decidimos vivir; pues el tiempo no se detiene, sino que a cada uno nos trae consigo aquello que elegimos, aunque al momento no lo entendamos.

Es primordial entender la importancia y el valor del tiempo como factor determinante para nuestra felicidad; debido a que, como administradores de nuestro tiempo, somos los únicos responsables de elegir la manera en que viviremos cada etapa de nuestra vida. La Biblia, en el libro de Eclesiastés, capítulo 3, dice que debajo del cielo todo tiene su tiempo y que a todo le llega su hora. Así mismo, el apóstol Pablo, en el capítulo 6, versículo 7 del libro de Gálatas, escribe:

“No se engañen ustedes mismos, porque nadie puede hacerle trampa a Dios. Uno cosecha lo que siembra.”

Estas dos escrituras nos muestran una realidad determinante para el éxito o fracaso de nuestra vida. Al entenderlas, podemos ver la razón de nuestro presente y tomar las medidas necesarias para mejorar nuestro futuro. Cada una de las cosas que decimos y que hacemos se constituyen en semillas y toda semilla tendrá que producir un fruto cuando le llegue su tiempo. Así, las cosas que al presente estamos viviendo son las consecuencias de todo lo que sembramos en el pasado, y de cuyo fruto hoy nos toca saborear. Si ese fruto es dulce, amargo, saludable o venenoso solo es el resultado de lo que un día decidimos sembrar, pues cada semilla da fruto según su género. Jesús, hizo referencia a este principio. En el evangelio de Mateo, capítulo 7, versículos 16 al 18, dice:

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.”

Eclesiastés capítulo 3, versículos 1 al 8, dice:

“Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: Un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gozo; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar; un tiempo para amar, y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.” (Versión: La Biblia al Día)

Esa es la realidad de la vida. Todo tiene su tiempo, y con el paso del tiempo también van cambiando las personas, las cosas, las situaciones y las circunstancias; por eso, mientras aún tenemos tiempo, podemos sembrar algo bueno para el futuro; sin embargo, esa es una decisión que solo depende de cada uno. La felicidad no se compra ni se vende, sino que se cosecha como resultado de lo que hemos sembrado con cada una de nuestras acciones, en cada momento de nuestra vida. Así, el que no siembra nada, tampoco tendrá nada que cosechar.

En el libro de Gálatas, capítulo 6, versículos 9 y 10, el apóstol Pablo, escribe:

“No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos. Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.”

Así mismo, el apóstol Pedro, en su primera carta, capítulo 3, versículos 8 al 12, escribe lo siguiente:

“En fin, vivan todos ustedes en armonía, unidos en un mismo sentir y amándose como hermanos. Sean bondadosos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto. Al contrario, devuelvan bendición, pues Dios los ha llamado a recibir bendición. Porque: -Quien quiera amar la vida y pasar días felices, cuide su lengua de hablar mal y sus labios de decir mentiras; aléjese del mal y haga el bien, busque la paz y sígala. Porque el Señor cuida a los justos y presta oídos a sus oraciones, pero está en contra de los malhechores.-” (Versión: Dios Habla Hoy)

Al empezar un año nuevo, un ciclo se cierra, pero otro vuelve a empezar; y, con ello, todos tenemos la oportunidad de trabajar con fe para que nuestros sueños de dicha y prosperidad se cumplan; porque sin importar el lugar en que nos encontremos o la circunstancia que estemos viviendo, si podemos encontrar la felicidad. En Juan 16:33, Jesús dice:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.  En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

También, en Juan 16:22 al 24, dice:

“También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.” (Versión LPD)

De esta manera, Jesús nos dice a todos que no estamos solo, que podemos contar con su respaldo y ayuda.

El año nuevo es una oportunidad para volver a empezar, con nuevas fuerzas, nuevos desafíos, nuevos sueños y nuevas metas; sabiendo que no estamos solos, pues Jesús ha prometido que si nos apoyamos en él y vivimos de acuerdo con su palabra, el Padre nos ayudará en todo lo que hagamos. El Evangelio de Juan en el capítulo 15, versículo 7, Jesús dice:

“Si ustedes permanecen en mí y son fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará.” (Versión: Palabra de Dios Para Todos)

La paz, la gracia y el favor de Dios estén contigo, para que este año nuevo tengas mucha felicidad.

Anuncios